jueves, 17 de octubre de 2013

Regeneración. Otro año será.


[Publicado en el blog del diario de próxima aparición Asturias24, http://blogasturias24.es/?p=848]

Tengo una amiga de siete años que vino con sus padres un día de diario a ver una actuación en un café – pub (lo que sea eso). Llegada la hora en que una niña de siete años tiene que irse a su casa un día de diario, la pequeña se contrarió porque quería seguir en aquel desorden. Mientras sus padres preparaban las chaquetas, se puso de espaldas a ellos y enfrente de mí quieta, tensa, con la cabeza tan metida en los hombros como pudo, y me decía riendo en voz baja, en referencia a sus padres: “¿se fueron ya?” Yo le decía que no, pero que si se quedaba muy quieta igual no se daban cuenta y se marchaban dejándola allí de juerga. Inocente puericie.

Creo que la imagen de mi pequeña amiga quieta quietísima esperando pasar inadvertida para quedarse donde se cuecen las habas es la imagen de nuestra cansina clase política. Cómo no recordarla oyendo y leyendo el reciente Debate sobre el Estado de la Región. Las listas cerradas y la manera de entender "la confianza" en los cargos fueron una bola de nieve que creció hasta convertirse en la tenaza que estranguló este país nuestro. Creo que fue en los ochenta cuando se cimentó la cultura de que todos los cargos "de confianza" eran cargos de militancia, de manera que no sólo los puestos obviamente políticos fueran ocupados por militantes del partido de turno, sino que también pasaron a la disciplina de partido la Fiscalía General del Estado, las vocalías del Consejo General de Poder Judicial, el Tribunal de Cuentas, RTVE, ... todo acabó con abuso de confianza. Además, y esta era la otra pata de la tenaza, las listas electorales fueron siempre cerradas, con lo que quien mandaba en el partido de turno mandaba en todas las instituciones. Así se llegó a esa situación en la que Pepiños y Cospedales sacados de cualquier cuchitril podían dar órdenes a un Fiscal General del Estado con no sé cuánto currículum encima. Y así se parasitaron las entidades financieras y los órganos de control y por ahí llegó el delirio por el que España adeuda todo lo que produce en un año. Además, como el país se llenó de importantes, esos cargos "de confianza" crecieron como las setas en otoño. Cualquier bobo necesitaba gente de confianza a la que pudiera nombrar y cualquier bobo estaba en situación de nombrar a alguien si estaba en las listas cerradas o en las camarillas aledañas, para lo que no se necesitaba más mérito que el que decía Woody Allen: estar ahí.

Es lógico que el nivel de los gestores públicos haya ido a menos. Ya en la sucesión de González se vio lo que iba a pasar. Felipe González quería a Solana, que era Felipe González en pequeño. Y acabó siendo Almunia, que era Solana en triste. Así llegaron a líderes dos fontaneros, Rajoy y Rubalcaba, sólo a base de quedarse quietos quietos, como mi amiga, mientras sus partidos se secaban y encogían, hasta llegar a sobresalir por consunción de lo que les rodeaba. Y lo que es verdad de España lo es de Asturias por partida doble.

Será cosa mía, y no pretendo que sea más que eso, pero en su día me pareció bien la candidatura de Javier Fernández por lo mismo que me había parecido bien en su momento la de Zapatero: porque no los había oído hablar nunca. Tras el empacho y revoltura de tanta Marea y tanto Areces, y tras el sindiós de Cascos haciendo eses por las consejerías rompiéndolo todo, sonaba casi fresco un desconocido (casi). A esto llegamos. El que más quieto se quede, el que menos moleste, acaba pareciendo bueno. Y ahí seguimos, con Rajoy quieto quieto a ver si pasa lo de Bárcenas, y el Gobierno de Javier Fernández quieto quieto de perplejidad con el hilillo de baba pingando por la comisura, mientras se va Tenneco, se nos excluye a perpetuidad del AVE y se evapora la inversión pública en Asturias y de paso la propia Asturias.

Todos sabemos que España necesita una regeneración política. Y una vez más, esto es verdad de Asturias por partida doble. Nuestros gobernantes no tendrán crédito mirando sólo hacia delante. Mientras el pasado no se filtre en sus discursos con palabras parecidas a las que usamos en la calle nadie creerá en sus intenciones y harán bien en no creer. El Papa desliza en sus intervenciones expresiones como “servidumbre” para referirse al papel de la mujer en la Iglesia, o “vergüenza” para hablar del suceso de Lampedusa, y dice que la Iglesia tiene más cosas que hacer que pensar en gays, aborto o divorcio. Será marketing, seguro. Pero es más de lo que acostumbran nuestros representantes. Las malas prácticas acumuladas hacen que los nombrados, los de “confianza”, sean los que tengan salarios de entre dos mil quinientos y cuatro mil euros, mientras decimos a nuestros ingenieros y científicos que emigren, que no es tan mala la movilidad exterior, a nuestros juristas de nueva hornada que no se den prisa en cobrar por trabajar, que es bueno aprender gratis, a nuestros médicos que paciencia, que con el tiempo vendrá la estabilidad, y a nuestros profesores que trabajen por horas o directamente que se dediquen a otra cosa. ¿Y cuántos hay de esos de confianza, sólo en ayuntamientos? Estas no son palabras mías, están en nuestras conversaciones y se oyen en la pescadería y en los chigres. Y deben resonar en los discursos de Javier Fernández o de quien de verdad quiera regenerar algo, con la carga de autoinculpación que corresponda. No hay regeneración sin contrición y sin claridad.
Por supuesto, esto es hablar por hablar. Es evidente que Javier Fernández no es el Papa y no lo fue en este debate. Tan evidente como que Cascos no es nuevo en política lo es que el PSOE no es nuevo en Asturias. Sus socios de IU y UPyD quieren ver la regeneración democrática en el cambio de la puñetera ley electoral y quieren romper el pacto por semejante prioridad. Parece humor negro, mejor se quedaban quietos quietos. Y el PP de Asturias sigue siendo inexistente, una copia torpona de parvulitos de lo que oyen de Madrid (tampoco voy a llorar por esto, porque me pasa como al Papa; nunca fui de derechas). El sistema representativo está tan atascado que apetece más ir al Congreso a enseñar las tetas que tomárselo en serio. Y atención, señorías, a Francia y Le Pen. Pueden ustedes estar jugando con algo peor que la vuelta de Cascos.

sábado, 5 de octubre de 2013

Asturias y las cuestiones de principio. Un cagao.


[Publicado en el blog del diario de próxima aparición Asturias24, http://blogasturias24.es/?p=363]
Uno se irrita por dos motivos. O porque las cosas son irritantes o porque uno está irritable. Y lo mismo pasa con la expresión frecuente de principios. Cuando alguien habla invocando muchas veces principios, o se trata de un inmaduro o un plasta (no son excluyentes); o estamos ante la inocencia primitiva de algo que empieza; o estamos ante los efluvios de algo que se descompone. Son esas las situaciones en que la gente habla con sentencias de largo alcance. Y es que últimamente me sorprendo, y sorprendo a otros, recitando frecuentemente principios y perorando catecismos al hablar de Asturias. Así que o  nos estamos haciendo unos plastas, o alguna nueva era se está alumbrando en Asturias llena de candor y promesas, o el verde – paraíso natural de Asturias se está haciendo verdín y moho de abandono.
Los principios se ponen a prueba pocas veces y pocas veces nos dicen cosas sabias sobre las tensiones concretas de los asuntos de a pie. Yo soy más creyente del estilo, esas maneras (éticas y estéticas) de la conducta, firmes y gratuitas, que no descuidamos ni cuando estamos a solas y que dibujan la actitud y la forma con que nos gusta estar en este mundo. Cuando uno se va a los principios suele ser pesado o rígido: esas dichosas letanías que se dicen levantando el índice, como “los amigos, si son amigos, se respetan” en vez “llevo media hora esperándote” o “la casa es cosa de los dos”, en vez “recoge el lavavajillas, no tengas tanto morro”, mucho más llanas, esas letanías, digo, son sólo eso, letanías y plastes. Igual que en la vida pública es una vaciedad y una pesadez oír una y otra vez la palabra izquierda en boca de políticos de izquierda (y a veces también la palabra público). Para razonar y analizar las cosas, hay que hacer algo más que reiterar convicciones de principio y mentar el catecismo como lo recitábamos en la parroquia en aquellos tiempos del nacional catolicismo (no sé cómo es la cosa ahora; mi vida piadosa anda algo floja).
La cosa es que, como digo, a veces no es vano ir a los principios. No lo es cuando hay que organizar algo que empieza y hay que ser explícito sobre las bases de lo que se pretende. O cuando algo se desmorona por desatención y hay que recordar(se) y volver a ser explícito sobre la manera en que se construyó. Y la cosa es que ahora los temas de Asturias nos llevan a conversaciones fundacionales y de principio a nada que se rasque en cualquier asunto, lo que puede ser un síntoma de que nos sentimos en un sitio en derrumbe. El otro día nos dijeron que la inversión pública en este paraíso nuestro bajaba un 31,6%. Montoro acompañó el dato con la reflexión de que para qué queríamos inversión si por ahí no íbamos a recuperarnos y lo adobó con esa sonrisa chirriante suya que queda flotando en el aire cuando él ya no está, como si fuera la del gato de Cheshire. Asturias es el 2% (poco más) del territorio de España, el 2% de la población de España y el 2% de la economía de España. Es decir, como decía con voz ronca el personaje de Malamadre de Celda 211, “¡nada!, ¡un cagao!”. Y los políticos asturianos de los dos partidos nacionales grandes ejercen desde siempre de 2% en sus partidos. Javier Fernández truena por el atropello del Gobierno a Asturias. En realidad, siempre es discutible que los presupuestos de un año discriminen o favorezcan a un territorio. El abandono exterior de Asturias y su pésima gestión interna (¿qué fue de todos esos fondos mineros para la reactivación?) se hacen evidentes mirando décadas de actuaciones y falta de ellas. Asturias tenía problemas estructurales hondos, pero lentos de consumación, sus mastodontes mineros y siderúrgicos tardaban décadas en desplomarse, tiempo hubo de encarar las cosas y aún andamos entradito el s. XXI descorchando champán porque hacen otro trozo de la dichosa autovía del este, otro trozo del único tramo sin autovía que hay desde aquí a Grecia. Javier Fernández debería tronar sobre esas décadas y llevarse por delante también a sus compis socialistas, de Madrid y de aquí, si de Asturias se trata. Y el PP, hurgando en la basura y en las papeleras, se encuentra con que dividiendo la inversión por habitante, Asturias es la tercera y clama alborozado las bondades del brutal recorte del feliz Montoro. Y luego nos dicen que aquí subió más el paro y que mejor nos sumamos a las “reformas” de Rajoy. Como si ese veintinosecuantísimo por ciento de paro, empobrecimiento general, desaparición de servicios y déficit público en alza fueran un tren que no hubiera que perderse. Es decir, PP y PSOE de Asturias son el 2% por ciento de sus partidos y ejercen de 2%. Un cagao. Y enseguida a los principios: si se necesita un partido asturiano que no sea el 2% de otro (que no sea como el experimento anterior, que fue, en serio, de récord: en sólo siete meses Cascos consiguió perder la mayoría contra un PSOE en caída libre y con un líder desconocido; o sea, sin líder); si debería haber listas abiertas, para que los cargos se debieran menos a sus aparatos y más a quienes administran; si hay habilitar algún foro de debate para asuntos territoriales y discutir dónde deben ir las inversiones; … Las grandes cosas que salen, cuando todo se deteriora.
En Gijón, así sea por el carril bici fantasma, por el estado de sitio preventivo anti botellón (convivid, malditos, es una orden), las “polémicas” de Cultura (qué palabra tan sufrida esta de “polémica”; yo casi siempre usaría otra), los bailecitos del PP y los pasados y presentes de Couto y Argüelles, nos pasamos el día reflexionando sobre la tolerancia y el respeto, sobre los derechos de unos y otros, sobre nuestro lugar en el mundo y sobre qué es una empresa pública. Rebosan las calles de doctrina y principios, como Buenos Aires en pleno corralito; como corresponde cuando la herrumbre crece (al menos no es como en Cudillero; el menor intento de análisis del ayuntamiento de esa villa produce el mismo empacho y hartura que ver La grande bouffe o una película porno entera).
Y es que, en realidad, ahora que vemos que los gobiernos nacionales elegidos cada vez pintan menos en sus propios países (de Guindos parecía una gallina sin cabeza por las atahonas de Europa en los días del seiscientos y pico de prima de riesgo), cuesta ver qué pintan los gobiernos autónomos de autonomías políticamente indemostrables como la nuestra. No sé qué aspecto debería tener un buen gobierno autónomo, lo que, si tuviéramos tiempo, nos llevaría a interesantes cuestiones de principio. Lo cierto es que ahora toca lidiar con ese 31,6% de menos, con la sonrisa de Montoro turbando nuestros sueños y con nuestra eterna condición de 2% de algo. Un cagao.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Gota fría otoñal desde Gijón

-->

El cambio de estación siempre invita al balance y al pronóstico. El otoño es muy dado a masajearnos con aire caliente y cielos inocentes, mientras un burbuja de baja presión sube para desatar tempestades y desastres. Y este otoño parece que quieren darnos unas friegas con datos económicos maquillados, mientras se preparan nuevas tempestades y pedriscos (para los aspirantes a profeta, véase Argentina 2000 o Portugal y Grecia 2011 y siguientes).
Lo cierto es que, si uno mira desde abajo los sucesivos ámbitos de poder que rigen nuestros días, como círculos concéntricos sucesivamente más pequeños, podría creer estar viendo una versión infantil de los círculos del infierno de Dante.
Unión Europea (hecha una pasta con el FMI, Banco Central, ignotos mercados y todo lo demás). La Unión Europea nos trae la cuatro erres, tres para ella y una para nosotros. Las suyas son Recortes, Recesión y Represión. Y a nosotros nos queda Resistencia. Ni una sola de las medidas que puedan hacer sufrir a la población dejaría de tener el aplauso y el reconocimiento exterior. Cualquier reducción en la atención médica, en la dedicación a la enseñanza, en la jubilación, en los salarios, cualquier supresión en la gratuidad o subvención de medicamentos, libros o asistencia judicial, cualquier cosa de esas será saludada como una medida valiente y necesaria en la dirección adecuada. De hecho, los mercados llevan ya un par de años haciendo sonar la campanilla para avisar de que vayamos recogiendo que van a cerrar el Estado, el de bienestar y el de derecho.
España (marca registrada). Lleva dos años y pico en la cama con un ictus de los malos. La gente espera que se recupere, porque no entiende bien lo que son los ictus malos. Cuando uno deja de poder mover una pierna porque se le murió un trocito de cerebro, se recupera del ataque, pero el trocito muerto está muerto, la pierna no vuelve a su sitio. No es una crisis lo que nos está quitando el médico, los maestros y la dignidad. Es necrosis, es tejido que se muere, no volverá después de la crisis la situación en que se podía vivir del salario y en que la sociedad te daba los fármacos para el cáncer, ni hay intención de que esa sea la salida de la crisis. La corrupción descarnada, la gangrena de las instituciones, el crecimiento de esa oligarquía parásita, que lo cubre todo como el moho al queso que empieza a pudrirse, son las señales del estado, el de bienestar y el de derecho, en descomposición. Ahí tenemos nuestra capital, que pasó de ser regida por el traductor del Tractatus de Wittgenstein, debidamente elegido, a ser gobernada por una analfabeta ridícula puesta por su marido, que cultiva la religión con extravagancia y extremismo porque su débil razonamiento necesita mampostería simplona y recia. No, no se hace el ridículo por no saber inglés. Ni por tener barriga. Se hace el ridículo por marcar los michelines con una camiseta ceñida de lycra, de manera que las dignas curvas de la normalidad se exhiban como lorzas de carne bufas. Se hace el ridículo por marcar el desconocimiento del inglés con una desenvoltura impostada y boba que quiere parecer frescura, autenticidad y campechanía. Se hace el ridículo por ser idiota.
Asturias. Asturias parece un edificio en demolición rodeado de curiosos intentando cotillear y el Gobierno parece esos señores con casco y chaleco que mandan a la gente que no se acerque y que no tenga todo el mundo tanta prisa. Y que en realidad no cuentan nada porque tampoco saben nada. Qué harán. De qué hablarán ahora que ya fijaron los sueldos.
Gijón. Hace unos años un candidato a Rector, que con los años acabó siéndolo, decía en su campaña que tan malo era no hacer nada como hacer cualquier cosa. Y en eso el Foro nunca quiso pillarse los dedos. Por si acaso hace las dos cosas. Se dedica a no hacer nada y, cuando hace algo, a hacer cualquier cosa. Si hacen un carril bici lo hacen a su manera: no haciendo nada; abracadabra, por aquí pasaban coches y ahora pasan bicis, queda inaugurado; y luego despliegue de uniformados por la acera de El Muro para sacar por la oreja al que deslice su bicicleta por la acera, con el aplauso de los cuatro escocidos gruñones que siempre hay por allí. Si tienen que intervenir en esos roces de sábado por la noche entre quienes tienen sueño y quienes andan de farándula, hacen cualquier cosa. Declaran botellón de lesa patria el consumo de alcohol en la calle, siempre que sea un lugar frecuentado por los jóvenes (no en el Carmen o en las zonas sidreras de gente más provecta). Si uno tiene una caña en la mano y da un traspiés que le haga poner los pies en la calle, a lo mejor le cae una multa de cientos de euros (no exagero). Se hace una movilización policial infantil y necia que mueve al asombro y casi a la risa a la caza del alcohol callejero. En la gestión cultural, Gijón venía jugando a ser el pequeño San Sebastián, de bolsillo y apañadín. Ahora parece que quieren que sea la gran Colunga, distorsionando y caricaturizando el valor de lo local. Y en todo lo demás, la misma receta: o parálisis y no hacer nada, o el esperpento y hacer cualquier cosa.
Y así empieza el otoño, removiéndose nuestros asuntos en los círculos de Dante sobre nuestras cabezas. Qué pereza.

domingo, 1 de septiembre de 2013

Hacia el ecuador de legislatura: el lecho de Procusto en un país de leyenda

-->
Empieza a haber aroma de paso del ecuador de la legislatura (para los despistados: aún no hace dos años que gobierna Rajoy). Y en los puntos intermedios de las cosas se mira hacia delante y hacia atrás. Hacia atrás, mirando lo recorrido, se va formando la leyenda. Y hacia delante nos espera el lecho de Procusto.
Procusto era un gigante revoltoso que seguramente se aburría. Por eso hacía que los huéspedes de su siniestra posada se acostaran en una cama que siempre acabaría siendo su justa medida: si el desafortunado viajero era más largo que la cama, le cortaba las piernas hasta ajustarlo al tamaño del lecho; si era bajito y más corto que la cama, lo estiraba y le descoyuntaba los huesos y tejidos hasta que tuviera el mismo largo que  el lecho. Al final la cama siempre era del tamaño justo de su ocupante. Todo era proponérselo.
Hacia delante, el Gobierno decreta que ahora toca salir de la crisis. Y será el final de la crisis, tan cierto como que los clientes de Procusto eran del tamaño justo del lecho que se les ofrecía. Todo es proponérselo. No estar en crisis consiste básicamente en decir que no estamos en crisis. La cuestión es manipular la información, torturar las palabras y ofender la inteligencia de los españoles (¡¿se le dan al juez los ordenadores de Bárcenas sin disco duro "en aplicación de la ley de protección de datos"?!) hasta donde haga falta para que dentro de dos años el Gobierno pueda decir que no hay crisis. Dentro de dos años se habrán moderado los "privilegios" de los trabajadores (comer tres veces al día, descansar los fines de semana y tener algo de vacaciones), la gente tendrá médico sólo cuando sean enfermos "sostenibles", estudiarán sólo quienes tengan dinero o sean muy listos (el que vea mala uva en la disyunción que repase la lógica simbólica), quienes trabajen tendrán sueldos de subsistencia y derechos predemocráticos, los que tengan algo de preparación practicarán la "movilidad exterior" y los muchos que no trabajen estarán presentes en las oraciones multitudinarias de Rouco Varela (los pobres serán la ocupación de la Iglesia y el Gobierno le fabricará los pedidos). Pero eso no será crisis. Los telediarios del Régimen y la prensa del Movimiento dirán (ya van diciendo) que dejan de estudiar por falta de becas chicas que usaban el dinero para operaciones de silicona y chicos que lo gastaban en botellón (¿o no están ya empleando el dinero de la comida en Twitter, sólo por protestar?). De esta manera al final de la legislatura el dinero de becas que se emplea "realmente" en estudiar será mayor que antes. Y los cursillos asistenciales donde acumularán al grueso de la clase media – baja serán estudios “diversificados” para quienes tienen otras “motivaciones” y miras, por lo que fracaso escolar, lo que se dice fracaso, no habrá, todo el mundo “estudiará”. Emigrar es irse fuera de ciertas fronteras. El portavoz de no sé qué del PP ya las amplió para que trabajar en Europa no sea emigración, porque europeos somos todos; irse a Alemania es “permanecer” en la UE, no emigrar. De un plumazo se reduce así la emigración en un noventa por ciento, pero se pueden ampliar esas fronteras lo que haga falta para que reducirla aún más. ¿Por qué no "Occidente", para que ir a EEUU no sea emigración, e "Hispanidad", para que tampoco lo sea ir a Chile? Seguramente muchos parados no constarán como parados, visto que trabajar regularmente se va presentando como un “privilegio” que habrá que ir templando. Los enfermos sin atender y los expulsados de sus viviendas serán tachados de activistas y gritones. Ya van haciendo en Madrid planes piloto (la expresión es de ellos) para desaconsejar la contratación de parados de larga duración, porque, al no cobrar ya subsidio, su contratación no ahorra dinero. Todo será sostenibilidad y eficiencia. A base de hachazos, silencios, deformaciones y autoritarismo lo que sea este solar nuestro no será crisis. Todo es proponérselo, como Procusto, y el Gobierno ya decretó que salimos de la crisis.
Y hacia atrás, la leyenda. Leyendas, mitos, hay muchos y muy variados. Pero así sean los dioses del Olimpo o los Jedi de la República Galáctica, todos tienen en común el sabor a pasado y la inconcreción temporal. Todo es hace tiempo, pero nunca se sabe de qué época se habla exactamente. El pasado político de España es ya legendario, de tan confundidas que están las fechas. Los datos están tan bailones en el calendario que yo diría que Zapatero es ya un personaje de leyenda. Rajoy nos dice y nos repetirá, y los voceros derechones glosan sin desmayo, que ya nadie habla de rescate en España, de lo bien que lo está haciendo Rajoy. Pero es que NADIE HABLABA DE RESCATE CUANDO LLEGÓ ÉL AL PODER. En el lejano 2011, hace mucho mucho tiempo, se decía que no eran imaginables más intervenciones que las que estaban en curso a Grecia, Portugal e Irlanda. Es más, existía la teoría de que las demás economías europeas no eran rescatables porque eran demasiado grandes. Ni siquiera se habló seriamente de rescate total cuando aquel rescate bancario que casi le hace llegar tarde al europeo de fútbol a Rajoy. La presión del rescate es toda de Rajoy y el alejamiento de esa amenaza nos restituye la situación con la que empezó Rajoy.
El alejamiento del rescate se debe sobre todo a otro logro de Rajoy: el “alivio” de la prima de riesgo, es decir, el indicador de cuánto nos cuesta devolver el dinero que nos prestan y con el que subsistimos. De los 645 puntos que llegamos a alcanzar, ya conseguimos bajar a 271. Toda una conquista (aunque todavía estamos peor que Irlanda). Pero con Zapatero la prima de riesgo llegó a un máximo de 290. El PP sigue pegando los trozos de lo que se rompió CON ELLOS EN EL PODER. La escalada empezó un día antes de las elecciones, cuando ya se sabía que iban a ganar los buenos: los mercados mostraron su confianza en el equipo de Rajoy disparando la prima en la víspera electoral hasta los 467 puntos. Y luego vinieron aquellas subidas sin fin, aquellos nervios, aquel ir y venir de Guindos como una gallina sin cabeza y aquellos balbuceos de Montoro de que qué les pasaba a los mercados, si ya estaban ellos, ELLOS, en el poder, qué más necesitaban.
Y el paro. Por fin baja el número de parados a las cifras que dejó Zapatero, más o menos (unos 200.000 parados menos ahora que en el otoño de 2011, pero hay que tener en cuenta el efecto estacional del verano). Como con la prima de riesgo, los malos datos de Zapatero se hicieron infames con Rajoy y ahora Rajoy presume de que él los está volviendo a hacer malos. Cosas de la bruma temporal de las leyendas.
¿Qué nos dirán del déficit público, que sigue creciendo tras quitar médicos a la gente, profesores a los jóvenes, becas a los universitarios, asistencia a ancianos y enfermos, recortar el aliento a todo el mundo, y tras subir impuestos, matrículas universitarias, tasas judiciales y de las otras? Rajoy ya está presumiendo de que bajará impuestos los que él subió, naturalmente. ¿Presumirá de congelar las tasas y matrículas que él disparó? Todo cabe en la alucinación temporal de un país de leyenda.
Yo, creedme, yo admiro a este hombre que nos gobierna. Lo admiro. Siempre estoy esperando qué va a decir a continuación.

viernes, 2 de agosto de 2013

Rajoy se enreda y Rubalcaba acumula truchas

-->


A los pocos minutos de empezar su intervención parlamentaria, Rajoy dijo la palabra “Bárcenas”. La militancia del PP había encarado la comparecencia con el culo apretado y la cara tensa. Se temían el retorno a lo de todo es falso, a la “indemnización en diferido en forma efectivamente de simulación” y a la infantil elusión del nombre del tesorero. Pero Rajoy dijo “Bárcenas” enseguida y fue como cuando los 22 de diciembre los niños de San Ildefonso cantan el gordo o la Concha de las viñetas de Forges se suelta la faja. Respiraron tan hondo que retembló el país. Y resumió en dos palabras de resonancias regias toda la cuestión: “me equivoqué”. Con la inocencia y candidez de un Borbón, se equivocó. Encima de todas las mesas de todos los hogares españoles tenemos décadas de cobros en metálico, orgías de sobres, empresarios con maletines y adjudicaciones entrando y saliendo. Y un Presidente que cobraba de sobres y maletines. Y un país arruinado. Pero Rajoy dice que abusaron de él, que se aprovecharon de su buena fe para llenarle los bolsillos sin que se diera cuenta, que claro que tenía sobresueldos pero él qué sabía, como Ana Mato cuando se veía de golpe en Disneylandia sin pagar un duro, qué sabía ella, ¿no le pasa a todo el mundo?
Ya pasaron por esto en su día Alfonso Guerra con lo de su hermanísimo, Felipe González con sus GAL y millones de moscas en millones de telas de araña. Cada movimiento que haces, cada interpretación desgarrada y cada cara de súplica te enreda más y más en un asunto pegajoso que asquea desde el principio. A veces crees haber cogido aire, pero es tu propia quietud la que te engaña, la tela sigue ahí haciendo su trabajo. Fueron décadas delinquiendo, años chupando, meses mintiendo y negando, mientras se quitaba el resuello a los españoles más débiles. Los detalles momentáneamente olvidados durante el discurso volverán al primer plano con todo su escozor. Y además, como Guerra, González y millones de moscas, habló como si la historia fuera del pasado y estuviera acabada, como si aún no tuviera que declarar Bárcenas y su mujer. El guion está escrito y el final también. La alternativa (Esperanza Aguirre, Pedro Jota y todo el PP Sin Complejos y Sin Sorayos) vela armas.
Rubalcaba sigue creyendo que cuando habla en el Parlamento está hablando para los parlamentarios y para quienes siguen el debate en la tele. No es un hombre para estos tiempos. Ni está libre de tiempos pasados ni acaba de entender los tiempos actuales. Ni inocencia ni adecuación. La inmensa mayoría de la gente sabrá del debate, de este y de todos, por la prensa. Cuando se habla, se habla para la prensa, para los titulares. Estará bien o mal, pero es así. Los titulares dicen que Rajoy reconoce que se equivocó y que Rubalcaba pide su dimisión. Es lo que queda del debate. Un Presidente ingenuo que dice haber sido engañado y un oponente inmisericorde que dice que por ese error debe dimitir. No es lo que se dijo en el hemiciclo, pero es lo que queda. Rubalcaba dio datos con orden, hiló argumentos correctamente y apeló a principios democráticos con relevancia. En la película de La red social el personaje de Sean Parker dice una frase que no debe caer en vacío. La parafraseo para darle tono local. Puedes pescar un salmón de quince kilos o quince truchas de un kilo. ¿Viste a algún pescador hacerse una foto con quince truchas? El trabajo de Rubalcaba no es decir cien frases correctas y tener razón cien veces. Tiene que decir una o dos cosas que podamos recordar y que aparezcan en la prensa en letras grandes. En concreto, en su intervención faltó conjugar en segunda persona del presente el verbo mentir. Y faltó el verbo robar. No vale lo de no es verdad o no le creo. Ni tampoco el verbo mentir en formas de pasado, con lo de lleva usted mintiendo desde no sé cuándo. Rubalcaba tenía que haber dicho como saludo: miente; usted miente. En presente y segunda persona. Y luego acumular todas sus truchas verbales de kilo, intercalando lo de “miente” con una frecuencia parecida a la de “fin de cita”. Pero ese debería ser el titular. Y debería decir que la evasión fiscal, el fraude y todo eso es robar y que lo que dicen los papeles es que “usted robó”. Pero no hubo más salmón que el “me equivoqué” de Rajoy; Rubalcaba sólo acumuló truchas, no hay una frase que recordar. No olvidemos que Rajoy se enreda por sus propias mentiras, no por presión alguna que reciba de Rubalcaba.
Rubalcaba podría hacer un servicio evidente a la situación política, que además se deja expresar con un buen salmón verbal que se recordaría por tiempo: “¡Vámonos, señor Rajoy, vámonos ya! Estamos haciendo el memo”.

jueves, 18 de julio de 2013

La verdad es tan fácil ...

-->

Antes de ayer fui al oculista y me echaron esas gotas que dilatan la pupila y te confunden la mirada por unas horas (terca neblina que te borra las líneas de la mano y hace insegura la tierra bajo tus pies, decía Borges). Así que la lectura se me hizo una tarea borrosa, casi perpleja, y tan empinada como si fuera un estudiante de los de menos de 6,5 anterior a la LOMCE. Por eso, al intentar ojear la prensa se me mezclaban las imágenes. A través de mis ojos vagos y con la mirada trizada por las lágrimas de las gotas, Pedro J. era el fustigador justiciero implacable con el Gobierno del PP, era citado con prodigalidad en todos los grupos PRISA y hasta Rubalcaba sintió el pinchazo de una segunda juventud y acudió a su llamada con el yelmo y coraza de una leal y real oposición. Abrí y cerré compulsivamente los ojos, pero sólo conseguí un torrente mayor de lágrimas e imágenes aún más delirantes en las que la portada de La Gaceta de Intereconomía (influencia probada) mostraba a un sujeto con una manos en los ¿genitales al descubierto?, La Razón y el ABC en un trastornado abracadabra ponían en la misma charca, no a Bárcenas y a quienes robaron dinero con él (Presidente reformista incluido), sino a quien lo diga o lo escuche; y el Presidente reformista decía que en una democracia seria el Presidente no va al Parlamento y no habla de sus latrocinios porque hay cosas más importantes de las que ocuparse. Me sequé las lágrimas como pude e hice un intento desesperado de ver algún renglón torcido donde pusiese qué dice la Iglesia de todo esto, pero el embrollo inducido por esas gotas era tenaz y no pillé ni una letra al respecto, apenas algún rugido de Wert sin importancia.
Pero ir al oculista tiene sus cosas buenas. La mirada vaga y la imagen escarchada y neblinosa de la realidad oculta los detalles, confunde los límites, pero hace especialmente visible el contorno general de las cosas, el orden más resistente y tenaz. Y al juntar todos los titulares borrosos y distorsionados me parecía que el contorno general se parecía a Esperanza Aguirre. Después de todo, los pedrojotas y los federicos quieren, claro, al PP en el poder, pero al PP de verdad, no al sucedáneo light del Maricomplejines. Sí, él recorta en enseñanza y sanidad, pero dice que a disgusto, que es la situación la que le obliga, no irradia ideología, no acaba de dar el volantazo y no acaba de ser amigo de Sus Amigos. El Presidente reformista, no nos engañemos, no es un ladrón, no es ese su perfil. Es un chupón, uno de esos que araña y rasca, que no pone su autoestima en nada, sólo apaña y no deja migaja. El problema es que la gente de este perfil es mezquina, pequeña, no está capacitada para lo grande, da muchos pasos ventajosos, pero nunca da grandes pasos. Hasta para cumplir su ideario de sociedad sin estado y el que la pille para él tiene que decir que es que se lo mandan de Europa y es que la situación le obliga a cosas dolorosas. Como no hay PSOE a la vista, IU sigue siendo póstuma y UPyD vaya por Dios, el campo está abierto para hablar en serio. Esperanza no era una política agobiada por la presión cuando dejó el Gobierno de Madrid. Era la rata que abandonaba el barco porque huele antes el sentido de las cosas. La Gaceta dice que ella tiene que ver con el fértil encuentro de Bárcenas y Pedro J. Mmm.
Pasado el efecto de las gotas, la actualidad se me sigue pareciendo a Esperanza. Y Rubalcaba parece el infeliz que le hace el juego siendo oposición cuando y hasta donde conviene que lo sea al PP Auténtico y Sin Complejos. O el efecto de esas gotas dura más de un día o tengo una alergia. Claro que ¿qué puede hacer Rubalcaba si no es pedir la dimisión y la comparecencia de El Reformista?
“Señor Presidente Reformista, la financiación irregular es un tipo de robo continuado. Usted cobró y, por tanto, robó. A estas alturas es incuestionable que los dos partidos que gobernamos España acumulamos malas prácticas de gestión y encubrimiento que arruinaron al país y desmoralizaron a la población. Cualquier persona decente debe sentirse abrumada y asqueada. Por la democracia y por la moral del país, le tengo que pedir la dimisión y la convocatoria de unas elecciones a las que yo no debo presentarme. La debilidad de mi partido está dejando margen para que el entorno de Esperanza Aguirre y El Mundo conspiren contra usted y lo están haciendo. Que se regocijen si creen que les hago el juego. Yo sólo quiero ayudar al pueblo a quitarse todas las mamandurrias que lo arruinan y me iré para que mis evidentes limitaciones no sigan siendo parte del problema”.
Así de fácil. Sólo decir la verdad. La verdad vende más de lo que creen estos mequetrefes. Y Rubalcaba tiene algo que nadie tiene. Aquí y ahora la verdad es su boca es un arma que lo puede cambiar todo en minutos. Sólo tiene que incluir su abandono como parte de esa verdad. Es tan fácil.