viernes, 29 de agosto de 2014

Antisistema

[Artículo semanal en Asturias24 (www.asturias24.es)]

Michel Corleone, en El Padrino, ante los disturbios previos a la revolución cubana: "Los soldados cobran por luchar. Los rebeldes no cobran ... Pueden ganar."
En el cara a cara electoral, reprochaba Ronald Reagan a su adversario demócrata, Walter Mondale, que su programa estaba tan a la izquierda tan a la izquierda que se había salido del país. Era una frase tan inteligente tan inteligente que se había salido de las posibilidades del cerebro de Reagan, pero no de las de sus asesores. Una cosa es decir que la política propuesta por Mondale era demasiado liberal y otra cosa es decir que no era americana.
Por extraño que parezca a una mente progresista, todos tenemos un punto en el que nos parece que razonar o debatir es de mal gusto y que lo civilizado es ser dogmático. Nos parece saludable razonar sobre el papel del estado en la educación o sobre la continuidad de la monarquía. Pero argumentar otra vez sobre si los blancos y los negros deben tener la misma consideración legal, si las mujeres están biológicamente bien dotadas para la responsabilidad y el mando o si debe ser delito el reparo o descreimiento de la doctrina católica no nos parece un ejercicio sano de contrastación de ideas. Todo lo que no sea aceptación inflexible de la igualdad de razas, sexos y creencias nos parece incivilizado. Nos parece más educativo reñir a un niño que exprese dudas de la humanidad de los indios que razonar con él.
A ese punto que todos tenemos en alguna parte apelaba Reagan para poner límites a lo debatible. Podemos discutir de lo que quieras, pero sin salirnos de América. Brillante. El egoísmo colectivo nacional es para la mayoría una de esas lineas que marcan el territorio en el que razonar es de buen tono y no es abrir paso a la barbarie o el desorden. Y a ese límite apelan cada vez para más cosas  con la expresión "sistema" y sobretodo con su opuesto "antisistema".
La pujanza electoral de Podemos y el éxito de su predicamento están sembrando los discursos de fuerzas políticas y prensa interesada (valga la redundancia) de advertencias sobre las prácticas antisistema y populistas. Los dos partidos hegemónicos, que ni siquiera se suelen expresar igual para decir lo mismo, tienen un discurso sorprendentemente uniforme para advertirnos de los límites del sistema y, con él, del razonamiento. Por momentos se siente uno en el Planeta de los Simios, con Felipe González bajando de su avión particular para hacer de doctor Zaius y advertir de los males de la Zona Prohibida del debate.
A pesar de los muchos análisis y conjeturas que se hacen sobre el inesperado éxito de Podemos, puede que sean más interesantes las reacciones que suscita que el discurso directo de la nueva fuerza. O por lo menos puede que diga más del momento social en el que estamos. Las ideas antisistema, la Zona Prohibida, la subversión en todas sus formas siempre fue un espacio inconcreto donde se mezclaron churras con merinas. Cuando yo era preadolescente, con Franco todavía inaugurando pantanos, había en mi barrio una familia en la que todos eran testigos de Jehová. Por esa razón a la chica de esa familia que era de nuestra edad la llamábamos "la comunista". Así es la Zona Prohibida, no se distingue el culo de las témporas.
La aparición de Podemos como un susto no hace más que acelerar una tendencia absolutista a estrechar el marco de lo discutible y ampliar el campo de lo dogmático. La palabra "sistema" designa un terreno cada vez más pequeño y cada vez más ideas son antisistema  porque cada vez hay menos cosas debatibles. Es antisistema, por ejemplo, no dar prioridad a la contención y reducción de la deuda pública. Bien, quizá sea verdad que hay que pagar lo que se debe. Después de todo, hasta el Padrenuestro quitó eso de perdonar las deudas a nuestros deudores. Pero es que unas formas de subir la deuda son antisistema y otras no. Capitalizar bancos ruinosos con fondos públicos que no se recuperarán es una medida dentro del sistema, aunque dispara la deuda pública. Subir esa misma deuda creando hospitales, contratando profesores o manteniendo el sistema de pensiones, en cambio, es antisistema. No trato de decir ahora que rescatar los bancos sea malo y mejorar la sanidad pública sea bueno. Digo que una cosa y otra son debatibles. Pero la doctrina oficial es que no hay debate: no rescatar los bancos es antisistema y mejorar la sanidad también es antisistema. Y ya se sabe que en la Zona Prohibida todos los culos son témporas: lo que sea antisistema será bolivariano, etarra, comunista y testigo de Jehová.
Como digo, el sistema cada vez es más pequeño. Tanto que ya no cabe la ley dentro de él. Es imposible que la extorsión mafiosa de los Pujol o de Blesa fuera desconocida para los responsables políticos y jurídicos. Los indicios de prácticas delincuentes continuadas individuales y de grupo en estas décadas de delirio son tan evidentes como palmaria se hizo en el Tour de Francia la sospecha de prácticas de dopaje organizadas. En el Tour se hicieron redadas y rodaron cabezas con sus laureles. En cambio, en nuestro ruedo ibérico tenemos más aforados que en el resto de Europa junta. Pretender pedir cuentas al rey saliente, a ex-presidentes o presidentes incluidos en listas de pagos en b, a ministros con jaguares caídos del cielo o hacer redadas en partidos implicados en prácticas delincuentes por décadas es populista y antisistema. Incluso señalar con el dedo privilegios que pesan sobre nuestras espaldas y nuestra sanidad y servicios públicos es estar contra la política y el sistema de partidos. Cada vez hay que callar a más cosas para no salirse del sistema y del país, como Mondale.
Como decía, es interesante la reacción que suscita Podemos. Por más que se desgañiten, no se está hablando contra el sistema: nadie pone en cuestión que haya elecciones, libertad de opinión y de prensa, división de poderes, propiedad privada, acumulación de riqueza, ... No parece que España esté en riesgo de hacerse testigo de Jehová. Tampoco se están diciendo cosas más radicales de las que se oyen normalmente. No creo que Podemos esté diciendo nada sustancialmente distinto de lo que Izquierda Unida, por ejemplo, dijo muchas veces. Y además IU lo dijo en el Parlamento y no en La Tuerca.
Esos oídos lastimados y lastimeros que nos advierten asustados que nuestras ideas no se salgan del país no están oyendo nada que no hayan oído antes. No es lo que oyen lo que los asusta. Les asusta lo que asustó al Michel Corleone de El Padrino en Cuba: es que pueden ganar. Llegan sin esa mochila que, aunque Cayo Lara no se dé cuenta, es más un lastre que un aval, en un momento de máxima desagregación social y sin querer entrar en el juego de privilegios y prebendas. Y pueden ganar. Si los revolucionarios cubanos pudieran ver la reticencia de Corleone a entregar el maletín de dinero al capo Hyman Roth, cobrarían moral al saber que era el enemigo el que más creía en su victoria.

Lo paradójico de la reacción de partidos y prensa alimentada es que son los que están convenciendo a todo el mundo de que Podemos realmente puede. Las maneras y la forma de organización de la nueva fuerza son, obviamente, eficaces, pero su mayor éxito propagandístico es convencer a sus rivales de que pueden ganar y que sean ellos los que nos lo hagan saber. No hay mejor pregonero que tanto columnista metido a historiador de cucharón y tanto político reiterando simplezas haciendo la propaganda. Quizá se estén quedando ellos fuera del país.

sábado, 9 de agosto de 2014

La encuesta del CIS. Después de la cocina, la digestión

[Artículo semanal en Asturias24 (www.asturias24.es)].
Lo interesante de la encuesta del CIS de esta semana son las reacciones. En mi casa, hace ya unos años y como en tantas otras casas, había uno de esos interfonos que se ponen al lado de la cuna para poder oír en la sala si el bebé bulle o llora. Un día, cuando el más pequeño era muy pequeño, el interfono de la sala rugía cada poco con los llantos del recién llegado. No sé cuántas veces me hizo levantarme y abandonar la película que estaba viendo. Sólo sé que alcancé ese hartazgo al que sólo se llega desde el mejor amor. Cuando volvió a llorar, estiré el brazo y apagué ostentosamente el interfono, con lo que él seguía llorando pero nosotros no lo oíamos. “Se calló”, le dije a mi mujer con una mezcla de resentimiento y reivindicación.
Leyendo los editoriales de la prensa nacional (no me acuerdo ya en qué periódico leí qué, porque la prensa nacional en papel ya es tan parecida que me lío) y escuchando los balbuceos iniciales de los políticos, me los imagino buscando el interfono para apagarlo y dejar de oír el ruido que les llega de la realidad. Como a mí hace años, no les importa que el rugido y el desconcierto existan. Lo que quieren es que no llegue ahí donde ellos se solazan.
Lo relevante de la encuesta es que siguen bajando los dos partidos mayoritarios, aunque el PSOE va más rápido, y que continúa el ascenso de Podemos. No sé si son dos cosas o la misma. Tampoco sé decir, porque unos días me parece una cosa y otros otra, si este ascenso de Podemos y la depresión del bipartidismo es que la nación grita o que la nación respira. Pero no es una cuestión menor que Podemos esté por encima del PSOE en intención directa de voto y a sólo unas décimas del PP. Esto si sólo miramos la foto fija. Si la ponemos en movimiento, hay que añadir que el PP y PSOE siguen bajando y que Podemos sigue subiendo. Pero cada uno manotea a ciegas buscando el interfono para apagarlo, asentarse y no oír.
El PP se ve el primero en las encuestas y se da golpes en el pecho como un gorila en celo o como Cristiano Ronaldo tras un gol en la Champions y hace como que no ve y no oye. Sólo busca cambiar la ley electoral para trucar los resultados de las municipales. Y dirán que tal cambio es una medida de “regeneración democrática” con el mismo desparpajo con que los republicanos de Bush llamaban “ley de responsabilidad personal” a la prohibición de asistencia social a las madres solteras.
El PSOE recuerda al escorpión que le pide ayuda a un pato para cruzar a la otra orilla y, cuando en medio del lago le pica con su aguijón, le explica al desconcertado pato: lo sé, moriremos los dos, pero es que es mi carácter. Felipe González es un multimillonario, con muy reveladoras amistades internacionales y con una relación muy poco ejemplar entre sus decisiones de gobernante y los intereses particulares que se fueron desvelando con el tiempo. El PSOE no hizo ningún gesto significativo que limpie de inmoralidades su gestión pública. Pedro Sánchez sale de las entrañas del magma de mediocridad y oportunismo que diseminaron los dos grandes partidos por cajas y administraciones. Y además el PSOE paga esto más caro que el PP porque estas herencias y estas prácticas se sostienen con más dificultad desde un discurso de izquierdas; y sin discurso de izquierdas el PSOE no tiene sustancia nutricia. El PSOE se desinfla, Podemos se lo come, pero con su inmovilidad estructural parecen decirnos como el escorpión: lo sé, así me hundo, pero es que es mi carácter.
Izquierda Unida masculla por lo bajo contra estos recién llegados que parece que quieren leer la cartilla a todo el mundo, con lo que tienen ellos luchado. Cayo Lara presume de mochila y cede a la falacia tan cansina del PP, PSOE y la prensa en papel de que oponerse a los actuales políticos de plantilla es oponerse al sistema de partidos y a la política en sí (el último desvarío de Ximo Puig, en el delirio de filiaciones históricas y ADNs de Podemos que anda indagando todo el mundo, encuentra antecedentes en Mussolini, como una Esperanza Aguirre cualquiera; ¿estarán poseídos?). IU es el partido más propenso a desaparecer por el empuje de la nueva fuerza y haría bien en entender un par de cosas.
La primera es que la sociedad española tiene dos cosas contra los partidos que ya empiezan a llamarse “tradicionales”. Una es la inmoralidad, que va desde el delito hasta las corruptelas, abusos legales y privilegios. Y otra es el hermetismo de los aparatos de los partidos y la evidencia de que un político llega arriba más por su posición en esos aparatos que por el apoyo o proyección que puedan tener en la gente. No hay reproches que hacer a IU en el primer aspecto. No constan problemas de moralidad en este partido. Pero la primera cosa que digo que deben entender es que en el segundo aspecto, el de la opacidad y mangoneo del aparato, IU se percibe como cualquier otro partido: cerrado, jerárquico, lejano y donde las lealtades priman sobre cualquier talento.
La segunda cosa que deben entender es que IU hace mucho que no es el inicio y tracción de movimientos, agitaciones o círculos sociales de ningún tipo. Lo apoyan todo (movimientos feministas, de homosexuales, ecologistas, 15 M, …) y todo con convicción, pero Izquierda Unida no es la inspiración e impulso primero de nada de eso. Exactamente lo contrario que sucede con Podemos.
Así que son dos cosas las que IU tiene que cambiar si no quiere ahogarse sin pena ni gloria en el remolino de los círculos de Podemos. La primera es que tiene que cambiar su forma de organización: abrir sus estructuras y sus listas a los militantes y simpatizantes, respirar, acercarse. La segunda es que tiene que tratar a Podemos como trató otras cosas que no encabezó (movilizaciones sindicales y estudiantiles, 15 M, …): sumándose y apoyando.
Si las tendencias del CIS se consolidan y no se aceleran, que sería la monda, podría ganar el PP las próximas elecciones generales, pero podría ser una abrumadora mayoría la suma de PSOE, Podemos e IU. Como es inimaginable un consorcio en el que estén PSOE y Podemos, todo parece apuntar a dos posibilidades, una probable y otra deseable. La probable es la Gran Coalición, el portazo del régimen, los dos partidos hegemónicos apagando el interfono y salvando a España de los españoles.

La otra es reconocer la quiebra de las continuidades básicas del sistema crecido sobre las bases de la transición y abrir un proceso constituyente. El funcionamiento autonómico, el independentismo, la monarquía, las relaciones sociales, el funcionamiento institucional general, las relaciones del Estado con la Iglesia, …, todo cruje como una tarima vieja. La tendencia anunciada en la encuesta del CIS invita a que nos sentemos a hablar de nuestras cosas, sin límites, y ponerlas en orden. Y a eso se le llama proceso constituyente.

jueves, 7 de agosto de 2014

La ley del embudo y las quiebras éticas

[Artículo semanal en Asturias24 (www.asturias24.es)].

"... pero aquellos hombres no podían, ni aunque se forzara la imaginación, ser llamados enemigos. Eran considerados como criminales, y la ley ultrajada, como las bombas que estallaban, les había llegado del mar cual otro misterio igualmente incomprensible" (J. Conrad, El corazón de las tinieblas).

La Comunidad Judía de Madrid va a querellarse contra Antonio Gala por incitar al odio colectivo con sus comentarios al hilo de los ataques israelíes sobre Gaza. Como no todos tenemos la templanza de Sabina y Serrat, casi todo el mundo se siente asqueado de tanta familia palestina quebrada y tanto padre de Gaza llorando al cielo con los restos incompletos de su hija en las manos, de tanta supuesta defensa legítima de Israel. Gala dijo que los judíos habían hartado a todos los que a lo largo de la historia habían convivido con ellos. Tentó así nuestra inflamación colectiva y torrencial con todos los hastíos históricos habidos contra los judíos. En su caso los comentarios sumarios sobre los judíos ya venían de antes.
La ley del embudo es vieja conocida. El doble rasero, las dos varas de medir, la paja en el ojo ajeno, como Matrix, nos rodea, nos posee, está en el aire que respiramos. Aunque la damos por descontada, sobre todo en los discursos más interesados que son los propagandísticos, no acabamos de acostumbrarnos del todo a la ley del embudo. Nuestro sentido de la justicia se resiste a identificarse con una acusación que compartimos basada en principios que compartimos, pero realizada por quien los quiebra y se considera a la vez con derecho a quebrarlos y a exigirlos.
Supimos esta semana que la familia Pujol se había hecho muy rica a nuestra costa (en esencia, en eso consiste la evasión fiscal). No deberíamos alborotarnos con la noticia, porque tenemos ya indicios pertinaces de que todo el que tuvo algún poder en España fue un servidor del pueblo, en el sentido en que decía serlo el malo de Dick Tracy: aquel que se sirve del pueblo. Pero así es nuestra condición humana. Al androide Data de Star Trek le intrigaba el capitán Piccard cuando tocaba con sus dedos una máquina que de todas formas ya estaba viendo: “¿La sensación táctil añadida a la visual hace que la sientas más real?”, inquiría curioso el humanoide. Data nos preguntaría, extrañado por nuestro sobresalto, si una desvergüenza que ya dábamos por descontada por su generalidad nos parece más real por ser noticia.
La cosa es que Esperanza Aguirre se lanza al ruedo para ofenderse en nombre de los catalanes y para horrorizarse de la evidencia de que lo de Cataluña ya era “un régimen”. Ella, que como Presidenta contrató cientos de veces con la trama delincuente Gürtel y que tiene sembrados de familiares los organismos y aledaños en Madrid, lo dice desde su cargo del PP, el partido que lleva desde los 80 cobrando, evadiendo y pagando en “b”. Como digo, por más que compartamos la acusación y los principios que la sustentan, nos resistimos a mirar a Pujol siguiendo el dedo acusador de la condesa y nuestros ojos prefieren abrirse en pasmo mirándola a ella y lo que la rodea.
Enseguida volvemos a Israel y Gaza. Una secuela maldita de la ley del embudo es la quiebra ética. Entiendo que hay quiebra ética cuando se subvierten los límites del bien y el mal. Por razones de oficio, alguna vez me preguntaron por las mentiras del poder. Dije siempre que la mentira no me preocupa especialmente, porque no altera la percepción del bien y el mal. Que alguien robe y lo niegue deja en su sitio que robar está mal. El problema de la manipulación del lenguaje es que las palabras del poder enlazan las cosas malas con referencias emocionales torcidas que disuelven su maldad en el ánimo de los sujetos. Hace años que España está en guerra. Tenemos militares con armas, disparando a gente y recibiendo disparos de gente desde hace tiempo. No se trata ahora de si son participaciones justas o injustas en guerras. Se trata de que, a base de llamar a la guerra y los bombardeos de otra manera, el hecho de que nuestros militares tiren bombas y las reciban, se conecta con un espacio emocional ajeno a la gravedad de la guerra. No estamos sobrecogidos por estar en guerra, nuestra ética al respecto está reblandecida. Cuando oí a finales de los noventa a Aznar diciendo que España entraba en la guerra de Yugoslavia, pero con palabras que quitaban eficazmente toda la severidad al hecho, hasta el punto de no interiorizar que estábamos en guerra, comprendí que éramos peores personas que unos minutos antes.
La ley del embudo tiene este efecto maligno. Gala pone pie y medio en el fango atribuyendo una suerte de perversidad esencial y sostenida en la historia al pueblo judío. Es cierto que se tienta al diablo cuando una nación se funda sobre la raza y la religión. La conciencia de patria tiene el efecto benéfico del altruismo compulsivo interno y el efecto perverso de la hostilidad potencial hacia fuera y desde fuera. Aquello que invoquemos como unión entre nosotros será lo que potencialmente otros perciban como hostil. Si lo que nos une y funda nuestra nación es el color de nuestra piel, el color de nuestra piel será lo que en algún momento otros señalen como enemigo. Si es nuestra religión, religiosa será la tensión que otros tendrán con nosotros. Siempre es mejor que, junto con el inevitable egoísmo colectivo, lo que se invoque como base de la patria sean valores por los que sí merezca tensarse y hasta pelear con otros.
Siendo entonces una maniobra de alto riesgo crear un estado sobre bases raciales y religiosas, todo discurso que señale de cualquier forma a una colectividad como portadora de un destino inevitable en lo universal, como Franco quería para España, es un discurso perverso que merece réplica. Y el discurso de Antonio Gala merece sin duda réplica y advertencia. Y aquí entra la trituradora ética de la ley del embudo. La Comunidad Judía de Madrid denuncia a Antonio Gala. Beatriz Becerra, eurodiputada de UPyD, hace lo que hace UPyD, ir al hueco, y llevará el tema a la Eurocámara. Imagino un pronunciamiento contundente y la ejecución de alguna norma.
Ya se están publicando los descontentos de quienes denuncian la doble vara de medir: en Palestina se hacina la gente en extensiones imposibles, caen bombas sobre niños, se sitia porque sí a la población. Pero la denuncia de la Comunidad Judía es contra quien dice cosas incivilizadas contra los judíos. Y lo que llevará a la Eurocámara UPyD será lo que se dice en el artículo de Gala, no los asesinatos de Gaza ni los artículos que dicen que a esos niños los mataron “entre unos y otros”.

Realmente, cuando se sustancie la querella contra Gala y cuando veamos a Rosa Díez levitando henchida de justicia histórica para los judíos, lo que apetecerá, como cuando la condensa Aguirre acusa a Pujol, es mirar para el lado opuesto al señalado. Y antes de que nos demos cuenta estaremos sin querer comprendiendo y medio defendiendo a Antonio Gala y su inadmisible y ciertamente peligroso prejuicio étnico (y relativizando la culpa de Pujol por acusarlo quien lo acusa). Esa es la quiebra ética de la ley del embudo: que sin darnos cuenta, por respuesta a la provocación, acabemos transigiendo lo intolerable y que se nos desplace otra vez la frontera del bien y el mal. Es decir, que volvamos a hacernos peores personas.

¿Sobran alumnos en la universidad?

[Artículo semanal en Asturias24 (www.asturias24.es)].

 “—Es una lástima que tuviera que intelectualizar tanto el asunto. Hace un trabajo excelente, y después va y lo intelectualiza.” (J. Franzen, Libertad).
“—Piensa demasiado, sargento. ¿No será usted un intelectual? —Yo no, no soy uno de ellos. —Pues no actúe usted como ellos. (La vida de los otros).

Un grupo de música hace dos cosas: por un lado, componer y ensayar; y, por otro, actuar en directo. La que tiene rentabilidad directa es la actuación en vivo. Esa es una actividad que se paga, que se aplaude y que da prestigio. La composición de las canciones y los ensayos no se cobran y se hacen sin el halago de un público cómplice. Y además hay mucho trabajo inútil, por lo que tiene de tentativa y de búsqueda. Cualquiera entiende que no podemos pasarnos la vida componiendo sin conseguir que haya actuaciones con público. Pero seguro que también se entiende que sin ese trabajo oscuro de sótano no habría producto que ofrecer a ningún público.
Puede ocurrir que, sin llegar a ese extremo, el grupo musical en cuestión caiga en un desequilibrio, que ceda a la tentación de actuar mucho, cobrar muchas entradas y sentir cada poco el agasajo del público. Y puede ocurrir que, reduciendo el tiempo de estudio y composición, la calidad de lo que ofrece en directo vaya menguando. En el mundo académico se da también el fenómeno. Lo que luce es la actuación: la conferencia, el curso, el libro publicado. El tiempo de estudio reposado e investigación ni da dinero ni aplausos. Una vez ganado el prestigio, algunos ceden a la tentación de la conferencia y curso pagados, de la gira interminable y del libro ameno, ingenioso y sin fuste, va reduciendo el cuidado del estudio y la lectura atenta y así también va degradando la calidad de lo que dice y escribe. Cada uno tendrá sus nombres en la cabeza.
La discusión sobre esta delicada cuestión se reproduce siempre que hay que hablar de ciencia básica y ciencia aplicada. A la empresa y los gobiernos les suele gustar la ciencia aplicada, la actuación en directo en la que se cobran entradas. Les gusta la parte de la actividad científica en la que se hacen cosas que se puedan vender, sean máquinas para hacer ecografías o aplicaciones para consultar el horóscopo con el móvil. Financian con más dificultad la ciencia básica, el mantenimiento de la caldera en la que bulle el conocimiento, relativamente alejada de la solución pronta de problemas o la satisfacción inmediata de apetencias comerciales.
Con razón se alborozaba Arsuaga en tiempos de las vacas locas, cuando había que decidir qué vacas habían comido proteínas animales y debían ser sacrificadas por locas y peligrosas, y cuáles podían seguir abasteciendo las carnicerías. El análisis de los isótopos estables de algunos elementos químicos, tal como se venía haciendo en los “inútiles” trabajos paleontológicos para reconstruir las cadenas tróficas en especies extintas, fue la técnica que se aplicó para algo tan “útil” como evitar un envenenamiento masivo. Ahí vio Arsuaga un ejemplo de que el conocimiento básico es condición para responder a las siempre caprichosas e imprevisibles necesidades prácticas; de que no hay actuación en directo si no hay ensayo y tiempo perdido.
Wert lleva algún tiempo diciendo que hay demasiados estudiantes en la universidad. Lo dice en distintos lenguajes, de exigencia académica, de contabilidad o de eficiencia económica. Pero el mensaje siempre es el mismo: sobran alumnos en la universidad.
Se está relacionando de manera cada vez más simplona la formación, en todos los niveles educativos, con la productividad y el beneficio económico. Puede verse como muestra el agudo análisis del preámbulo de las últimas leyes educativas hecho por Xandru Fernández en http://goo.gl/6tl7Hy. Hasta hay que escuchar continuamente el desvarío de que nuestras insoportables cifras de paro se deben a la formación inadecuada de los jóvenes. Tras décadas de guateques político – bancarios ahora quieren buscar la causa del paro y el déficit en el informe PISA. Un razonamiento pertinaz y de supuesta eficiencia económica consiste en relacionar los titulados y tituladas que se forman con los que hacen falta: no debería formarse tanto biólogo, tanto químico o tanto historiador si no hacen falta tantos y acaban cada vez más en el paro. Curioso argumento de economía planificada, tanto más enfáticamente defendido cuanto más conservadora la entidad que lo sostenga.
La Fundación Conocimiento y Desarrollo, presidida por Ana Botín, hace notar que cada vez hay más sobreeducación, es decir, que cada vez es más habitual que los titulados universitarios trabajen en algo que no requiere tanta formación como se les dio. También muestra que desde 2007 se disparó el paro de los titulados españoles con respecto a los titulados europeos. Todo apunta, según ciertos discursos de los que participa el Ministerio de Educación, que cada vez despilfarramos más el dinero que se gasta en formación superior, porque no se absorbe esa formación en el mercado de trabajo.
La conclusión podría ser ciertamente perversa. Cuantas más pobre sea un país y menos oportunidades dé, menos sentido tiene estudiar porque no habrá actividad que absorba esa formación. Los alemanes deberían estudiar más que los españoles porque allí sí se rentabiliza más el esfuerzo y el gasto al haber más oferta de trabajo. Es obvia la inconsistencia.
La relación entre formación y desarrollo económico es tan evidente como la relación entre los ensayos y el éxito de la actuación en vivo y como la relación entre la ciencia básica “inútil” y las tecnologías aplicadas “útiles”. Tan evidente y tan indirecta. La formación, el buen nivel cultural, mejora en general la calidad de vida personal de la gente, hace mejor lo que va bien y hace menos malo lo que vaya mal. Una población preparada y con inteligencia despierta se inserta con más facilidad en proyectos colectivos complejos y tarda menos en adaptarse a tareas cambiantes y cualificadas. La obsesión de relacionar directamente y sin otras consideraciones la formación con la actividad económica es el mismo tipo de ceguera que agotar el tiempo de trabajo en actuaciones en directo y desdeñar todos los saberes que no cumplan una función para el día siguiente.
Por supuesto que la enseñanza superior tiene que ser sensible a lo que la sociedad necesita. Pero debe ser percibida como un derecho de quien quiere adquirirla y está dispuesto a responder al esfuerzo y talento que requiere. La cifra de la que debemos partir no es cuántos químicos hacen falta, sino cuánta gente quiere estudiar química. A partir de ahí, cuando media Asturias quiere estudiar medicina, lógicamente se ponen los límites para no atender a más gente de la que se puede formar.
Se están divulgando continuamente datos malignos de lo mal formados que estamos sin grandes explicaciones (¿en qué son más competentes los estudiantes japoneses de secundaria que nuestros titulados?), sin perspectiva temporal (¿en serio dicen que vamos a peor? ¿Éramos antes Finlandia? ¿No es verdad que estas son las generaciones mejor preparadas de nuetra historia?) y con afirmaciones gratuitas (¿qué oportunidades de trabajo pierden nuestros jóvenes por mala formación? ¿Nuestros físicos y nuestros filólogos tienen más paro porque saben menos que los alemanes?). Y se emplean los datos malignos y su urgencia como premisa para una serie de medidas que casi siempre son de reducción, de quitarse alumnos, profesores y gasto de encima.

De un antecedente falso se deduce cualquier cosa porque la implicación será verdadera. Pero quien sepa algo de lógica sabe que de un antecedente verdadero no se deduce cualquier cosa. Los datos negativos de nuestro sistema educativo no son argumento para hacer cualquier cosa (quitar becas, subir tasas, reducir plazas). El gasto que un país haga para dar formación superior a quien quiere formarse es un esfuerzo justo y útil. Las estirpes que desprecien su formación, como las condenadas a cien años de soledad, son las que no tendrán una segunda oportunidad sobre la tierra.