sábado, 21 de noviembre de 2015

PACTO ANTIYIHADISTA Y FANATISMOS RELIGIOSOS

El horror, como los agujeros negros, tiene su propio horizonte de sucesos. Hay estados de indignación, de agresividad y hasta de violencia que se pueden poner en correspondencia con tragedias sufridas, con ofensas o con injusticias límite. Pero hay un punto a partir del cual el horror no puede relacionarse con nada externo al horror. Hay un límite desde el que la locura es sólo locura. Que nadie quiera practicar “altura de miras” viendo en los improvisados pelotones de fusilamiento de París la consecuencia lógica de determinadas políticas. Que nadie quiera relativizar el espanto recordando el sufrimiento mayor de otras zonas del planeta. La conmoción inevitable por lo más próximo a nosotros no es insensibilidad con los desastres lejanos. Es además lógico el desasosiego por el simbolismo histórico e ideológico de los lugares elegidos para tan macabro pronunciamiento.
Pero lo que desató el horror sigue rugiendo su amenaza. Aunque no quepan matices éticos, es obligado el análisis y es obligada la actuación. Y la actuación siempre empieza de la misma manera: reducir las libertades, reducir lo opinable, reducir las discrepancias y reducir la patria. Los primeros pasos son siempre la unidad de los demócratas; el tipo de unidad al que se llega por reducción. Es lógico que se actúe, que se movilicen fuerzas de seguridad, que se intensifiquen controles y precauciones. Pero no es evidente que para proteger el R. Madrid – Barcelona haya que cambiar las leyes. En el anterior pacto antiterrorista se cambiaron las leyes para endurecer las penas por terrorismo y para llamar terrorismo a más cosas. Ahora se propone un pacto antiyihadista para endurecer otra vez las penas por terrorismo y para llamar terrorismo a más cosas que antes. Y las dos leyes prolongan una ley mordaza que llamó la atención de los medios y la opinión pública internacionales porque sentían amenazada la democracia en España.
Dije que se reduce la patria por la manera en que los promotores impulsan la unidad: ante la emergencia, todo el que replique al Presidente queda fuera del país. El PP acostumbra a sobreactuar en nombre de la patria y a hipertrofiar sus símbolos, así sea la bandera o los toros, para reducir el tamaño de España al terruño que ellos pisan y acusar de estar fuera del país a quien no les acompañe en sus astracanadas. Es el discurso eterno de la derecha, el de estar dentro o estar fuera. El PP sacó adelante su ley mordaza contra el criterio de los demás partidos. Ante la amenaza terrorista, no retira la ley de seguridad que los separa del PSOE para buscar la unidad. Y el PSOE no le exige retirar esa ley para hablar en serio de seguridad. Todas las obligaciones eran para el PSOE, ninguna para el PP. El PP mete después en el pacto la cadena perpetua que el PSOE rechaza. Pero no retira ese punto para buscar el encuentro y el PSOE no exige que se retire. Con la ley mordaza y la cadena perpetua a cuestas, el PSOE firma prometiendo derogar lo que firma. El PSOE siguió haciendo su papel de PP-que-no-se-atreve, como si el PP fuera una bola de billar que deforma una cama elástica y el PSOE la bola que se deja caer hacia ella dando vueltas desganadas.
Ahora llega el atentado de París y se repite la misma escena: todos tiene la obligación de firmar lo que diga Rajoy. Pablo Iglesias no quiere un cambio del código penal, porque no cree que la dureza de las penas pueda desalentar a quienes están dispuestos a suicidarse para matar. Ni tampoco cree que seamos víctimas del terror porque nuestras leyes sean blandas o estemos empachados de libertades. No es el discurso de un terrorista. Pablo Iglesias cabe en cualquier frente que quiera liquidar el terrorismo yihadista. Pero de nuevo no hay más patria que la que cabe bajo los pies de Rajoy. Sería fácil sumar a quien sin duda quiere combatir la barbarie y no quiere cambiar (otra vez) el código penal. Pero no es la unión lo que se busca. Se busca la reducción.
Así pudo Rafael Hernando llamar “tragedia” de España a que Podemos no firmara lo que ellos exigían. Es el no firmante que quiere ayudar el que quiebra la unidad, no el firmante que lo excluye por discrepar en lo accesorio. Es difícil saber si debemos considerar a este personaje como un portavoz del PP o sólo como el deshecho que se escurre de ese partido, el hollejo amargo y sin valor que sólo es desperdicio. Es notable que el PP se crea en posición moral de marcar obligaciones sólo para los demás, cuando aún no fue capaz de distanciarse del crimen de la guerra de Irak, tan vinculado con lo que ocurre; cuando dejó de ser capaz de llamar dictador y terrorista a Gadafi al empezar Aznar a enriquecerse con él; y cuando aún no repudió aquella teoría de la conspiración sobre aquello ocurrido en Madrid tan parecido a lo de París, por la que se pretendía dejar libres a los asesinos para desviar la atención hacia ETA y que todavía en fechas no lejanas siguió alentando el activista radical Rouco Varela.
Dalia Álvarez, en un exquisito artículo lleno de elegancia intelectual (goo.gl/uGNjyD), hacía notar que la religión es sólo el disfraz ocasional de la guerra de siempre por las libertades de siempre. La religión no es la causa de lo ocurrido. Pero sí su cauce. La rabia y el estallido violento actúa de manera inmediata y explosiva. Lo ocurrido en París requiere preparación y método, tiempo y paciencia. La locura asesina no se puede mantener sostenida en el tiempo más que por un mecanismo compulsivo eficaz como el fanatismo religioso. Cuando una mujer muere asesinada por su pareja, sin establecer causalidades espurias, llamamos la atención sobre todas las pequeñas y grandes cosas que abonan el terreno para que pueda germinar aquí o allá la violencia masculina mostrenca. Cuando el fanatismo religioso se hace notar en episodios tan dramáticos es también el momento de mirar el terreno que pisamos y ver qué estamos plantando en él. La religión es una creencia o emoción privada, que puede manifestarse en actos colectivos públicos de culto y que puede ser el resorte privado de conductas públicas, la razón íntima por la que determinada gente se compromete con determinadas causas. Pero el dogma religioso no debe tener dimensión pública, es decir, no debe obligar de ninguna manera especial a quien no lo profese. No debe haber más respeto a una creencia o culto religioso del que se debe a cualquier otro tipo de creencia o conducta. Y debe educarse a los niños en esa senda, no se les puede inculcar que cuando un colegio pone carne de cerdo sin alternativa se está faltando al respeto a determinados credos. Lo que sí es una tragedia es que el Papa Bergoglio dijera al hilo de los nefandos crímenes de Charlie Hebdo que es que los muertos insultaban la fe de algunas personas y si se insulta a mi madre yo también pego un puñetazo. Semejante apología del crimen se hace desde el convencimiento de que el insulto a la fe es más grave que cualquier otro tipo de insulto. En esas cosas que abonan la tierra que pisamos hay que pensar el día en que el fanatismo religioso ruge. El día que matan a una mujer o el fanatismo canaliza la sinrazón es el día en que hay que pensar qué pequeñas cosas estamos tolerando y dejando crecer para llegar a semejantes impiedades.

Son días para la unidad; pero para la unidad que se alcanza extendiendo el terreno para que quepamos todos los que queremos las libertades. Y días para recordar que sólo un estado laico puede ser democrático y sólo en un estado laico la religión es tolerante y saludable.

sábado, 14 de noviembre de 2015

El parlamento catalán y los días de Venus

El parlamento catalán protagoniza una de esas paradojas que se da con los tamaños. Hace años la Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación de la Universidad de Oviedo se escindió en tres facultades distintas, pero durante un tiempo el Departamento siguió siendo único y con sede en la nueva Facultad de Filosofía a secas. Lo normal es que las facultades tengan departamentos, pero por un tiempo la Facultad de Filosofía tenía un solo departamento que era más grande que la propia facultad. Todo era legal, pero raro. En Venus pasa un prodigio de este tipo. La rotación del planeta es más lenta que su traslación y por eso un día es más largo que un año. Todo físicamente comprensible pero, de nuevo, raro.
El parlamento catalán parece haberse unido a este tipo de portentos. El parlamento proclamó la independencia de Cataluña porque hay una mayoría de parlamentarios que la quiere. Pero el gobierno independentista en funciones no puede proclamar la independencia porque hay una mayoría de parlamentarios que no lo quieren como gobierno. El líder y candidato a la presidencia es el número cuatro de la lista ganadora, porque en esta paradoja que no cesa el cuatro va delante del uno, igual que los días de Venus tienen años en vez de ser el año el que tiene días. El sistema D’Hondt aporta su porción de extravagancia y así una minoría de catalanes que votaron por la independencia da lugar a una mayoría parlamentaria de independentistas, que, como las ranas de la fábula de Esopo, demandan otro rey porque Artur Mas, igual que el tronco que Júpiter había enviado a las ranas, les parece un zoquete. Carme Forcadell grita en el parlamento de los prodigios que viva la república catalana y tuvo que aclarar después, por la cosa de que no hay tal república, que los valores republicanos y de la democracia son universales y que eso era lo que quería decir porque, dicho de Cataluña, proclamado queda para el universo, que allí donde el cuatro va delante del uno es Cataluña la que incluye al universo como los días de Venus incluyen a los años. Pero Mas, el tarugo que las ranas no quieren como rey, es un pragmático que avanza en sentido de la realidad. En JpSí se agruparon dos fuerzas incompatibles para dar lugar a un ente a su vez incompatible con la CUP. Son tres piezas que sólo se pueden poner en contacto por las nalgas, así que Mas, realista, quiere un gobierno tridente donde quepan los tres a base de mantenerse aislados y donde él sería Presidente para ser destituido a los diez meses. Es decir, un gobierno diseñado con las nalgas, que para eso son su punto de unión, y donde el pensamiento parece reducirse al tiritar desangelado de alguna membrana aislada del sistema nervioso.
En una situación mínimamente templada, deberíamos decir que la mayoría de votos no independentistas fue exigua y que muchos muchos votaron por la independencia; y a su vez que la mayoría parlamentaria independentista es demasiado leve como para dar puñetazos en la mesa. Pero en el momento actual todo el mundo parece convencido de que ganó y de que el que gana lo gana todo. Porque también tiene su gracia ver a quienes veían en un referéndum de independencia el advenimiento del Maligno sacar pecho por esa mayoría de votos no independentistas y dando a las elecciones el rango de un referéndum encubierto y por supuesto legítimo. Rajoy veía en las espectaculares Diadas de estos años sólo una cuestión legal. Y las Forcadell y los Mas que se creen en la república catalana acabarán consiguiendo que una cuestión política de primer orden acabe siendo efectivamente una cuestión legal.
Hace ya tiempo que no hay desenlace posible en Cataluña que no pase por un referéndum vinculante de independencia. Este referéndum sería una medida democrática y fracasada. Es democrática por la obviedad de que sería la opinión popular la que marcase el camino. Es fracasada porque el referéndum es una buena manera de validar acuerdos políticos y una mala manera de zanjar diferencias. El referéndum de Escocia era benigno porque se basaba en acuerdos donde cada parte aceptaba lo fundamental de la otra parte. En el caso catalán, el referéndum será más bien la aplicación de la variante que Sánchez Ferlosio hacía del precepto bíblico: dejaos por imposibles los unos a los otros. La cuestión es que cualquier resultado del referéndum daría paso a una negociación. Ni siquiera establecida por un referéndum vinculante la independencia puede ser un proceso unilateral. Y ni siquiera consolidada la presencia de Cataluña en España por un referéndum vinculante la situación puede quedar como está. Ningún referéndum dará toda la razón a una parte.
Puesto que esto es así, podría ser parte de la campaña y del razonamiento para sí o el no ese otro desenlace al que habría que ir. Por ejemplo, si la permanencia de Cataluña en España fuera a conducir, expresémoslo aquí con una etiqueta sin contenido, al Reino Unido de España, donde Cataluña tendría un estatus determinado, acompáñese tal perspectiva al razonamiento para pedir a los catalanes su permanencia en este Reino. Y también se podría hacer el proceso inverso. Podríamos modificar la constitución antes de que se nos deshaga entre los dedos para crear el Reino Unido de España (etiqueta sin contenido, recuérdese; es sólo para hablar ahora) y anunciar a los catalanes que al final habrá un referéndum en el que se decidirá si Cataluña quiere seguir siendo parte de España en esas condiciones. Pero antes o después tendrá que haber un referéndum. De lo contrario, seguiremos teniendo parlamentos con un cien por cien de ganadores que lo ganaron todo.

La pulsión nacional es una de las emociones que más afecta a las conductas colectivas. Marvin Harris había sentenciado que la eficacia de la acción colectiva de las masas dependía más de la aceptación de credos compulsivos que de la racionalidad. Los dos fenómenos más eficaces para que la conducta colectiva sea compulsiva son la religión y la nación. La emoción nacional puede ser canalizada en formas de organización democráticas. La emoción religiosa no. Por eso el carácter democrático es un atributo de los estados o estados – nación y por eso las democracias sólo lo son si son laicas. La cuestión es que el impulso nacional es potencialmente tan intenso que puede arrastrar o anular todos los demás impulsos colectivos y descomponer la ética individual y de la vida pública, igual que el tirón gravitatorio de un cuerpo masivo puede tronzar un planeta que se acerque lo suficiente. En Cataluña y en España se quebró la universalidad de la sanidad, aumentaron los negocios privados con la desatención de la salud, se perdió a un profesor por hora en los últimos años, se abandonó a los dependientes, se dejó a mucha gente sin electricidad y hasta sin casa. Y se robó. A gran escala y de manera organizada y sostenida. Y se mintió con desvergüenza. Pero el tirón gravitatorio de la emoción nacional puede tronzar la ética en la que todo esto significa algo y ponernos a todos en ese nivel en el que el Amo del 3% habla de la libertad de los pueblos y el Señor de la ley mordaza habla de la roca firme de la democracia. Debería ser obligatorio que todas las banderas llevaran en alguna esquina una calavera de advertencia, como las instalaciones de alta tensión.

domingo, 8 de noviembre de 2015

PODEMOS CASTRENSE Y DERECHA DE PUTAS. AROMAS PREELECTORALES

El PP tiene la mayoría de votos como se tiene el agua formando un cuenco con las manos: se retiene juntándolas bien y apretando de manera refleja las rodillas y las nalgas, pero no podemos hacer nada para impedir que otros metan la garcilla y se lleven algo. Los votos del PP son los que no sean capaces de llevarse los demás partidos, porque el PP no tiene forma de retenerlos. Es notable que el Presidente sea el político menos valorado del país, aquel que nadie se toma en serio y al que nadie cree, y sea sin embargo el que más expectativa de voto tiene: como digo, sin discurso creíble posible, retiene con las manos y las rodillas bien juntas lo que la torpeza de los demás no sea capaz de tomar.
Aunque la esencia de las cosas está en su núcleo, la forma está en su periferia. El núcleo del PP se fue viendo en las tramas delictivas, en las mentiras constantes de Rajoy y en las mermas de servicios y derechos. El PP de Asturias, lejos del núcleo, hizo su contribución a la periferia para dibujar la forma de la criatura. Los golfos puteros de Aquafest, con esas fotos haciendo la higa y estrujando billetes y esa hilaridad ruidosa y zafia que se adivina, dibujan el contorno del PP como los niños cuando todavía no saben y hacen rayones. En cierta ocasión en que fui invitado por una Universidad, al enredar en la tele de la habitación del hotel apareció un menú con sus funciones. No recuerdo con qué eufemismos divertidos se hacía saber que el coste de las películas porno no figuraría detallado en la factura, sino que se prorratearían los demás gastos hasta cubrir el precio y aquí no ha pasado nada. Me hizo gracia la astucia. Pero al ver la factura de estos patanes que publicó la prensa veo que tiene más gracia la cosa si se detalla todo con su nombre verdadero.
Y todo justo cuando el PP asturiano y el Foro se dan una segunda oportunidad y rehacen una derecha unitaria en Asturias. En el caso del PP, será divertido ver a Gabino de Lorenzo cómo recompone aquella gracieta del FAC de Cascos y el fuck inglés (no haremos chistes facilones con el fuck de Gabino y los puteríos de sus descendientes políticos); o cómo el PP echa sombras sobre el PAC (con p) de los papeles de Bárcenas. Cautivo y desarmado (adiós transversalidad ideológica, adiós regeneracionismo, adiós asturianismo a Madrid no debido), el Foro queda con esta operación en emulsión, con unidades aisladas flotando en las aguas del PP como esos grumos que hace el Cola Cao en la leche fría y Gijón como único cuajo con tamaño masticable. Moriyón, que empezó (¡hace tan poco!) esta legislatura desmelenándose por el cambio y proponiéndose como capitana de un pacto Foro – XSP – Ciudadanos que cabalgara lejos de la vieja política, tendrá que entrar de puntillas en el ayuntamiento para no despertar de la siesta a la fiera de la unidad de la izquierda. Pero seguramente el Foro no retorna al redil de vacío. Dicen en las películas que el mayor éxito del diablo fue convencer al mundo de que no existe. El Foro atrajo a cierto asturianismo sin acomodo y a cierta izquierda desorientada. La coartada psicológica fue convencerse de que la derecha no existe. Y algo de ese rédito puede quedar. El Foro puede volver al PP con hebras izquierdistas entre la uñas convencidas de que el diablo no existe.
El PSOE no avanza porque no se le ve. Apoya el TIPP, la monarquía, el concordato y los despidos baratos de la reforma laboral, pero todo con reservas para no sobresalir y que no se le vea con el PP. Apoya la singularidad de Cataluña, pero se esconde en un federalismo que viene de los 70, cuando tampoco se sabía lo que era eso, para que no se le vea con los del derecho a decidir. Apoya cambios en la ley electoral y en la Constitución, pero no muchos para que no se les vea con los opositores al régimen del 78. En Asturias apoyan la protección y uso del asturiano, pero no su oficialidad para que no se les vea con los asturianistas. Se mueve en todas direcciones para no parecer inmovilista, pero se mueve poco, porque en todas las esquinas hay corriente y no quieren que se les vea por ninguna de ellas, no les vaya a dar un aire. Total, que no se les ve. Nos gobierna el presidente más desacreditado de la democracia y no son capaces de meter la garcilla y sacar votos del partido que no es capaz de retenerlos. Deberían desmelenarse un poco.
La incursión de Podemos en el ejército con el fichaje del general Julio Rodríguez me evocó sinestésicamente a un postre que daban en Oviedo en el que se mezclaba tocinillo de cielo muy frío con queso Cabrales fundido y caliente. Las palabras soeces y lascivas dichas por personas de aspecto y modos recatados cobran un plus de audacia que las hace extrañamente morbosas. Los detalles hogareños de personas visiblemente libertinas tienen una carga añadida de ternura, como el dulce frío del tocinillo mezclado con la intensidad del Cabrales caliente. O como un general entrando en Podemos como ministro de defensa en la sombra a plena luz del día. Seguramente la gracia del juego de opuestos está en que, si consiguen mezclar, el conjunto cobra volumen, de alguna manera crece hacia dentro. En España el ejército está asociado a conservadurismo político, disciplina y circunspección. Podemos está asociado a izquierdismo irrespetuoso, desorden y falta de compostura. La mezcla, la percepción de que Podemos puede llegar a un general del ejército, puede ayudar a dar a la imagen de Podemos un volumen en el que quepan cualidades que la gente asocia con gobernantes. Pero no cabe duda de que son dos sabores contrapuestos en el paladar del elector. Podemos sabe que uno de sus puntos débiles es su credibilidad como gobernantes. Ese punto débil no se combate con mareas ciudadanas, sino con personajes emblemáticos. Sospecho que vendrán más fichajes. Pero no deben olvidar lo que les llevó a lo más alto de la previsiones de voto hace unos meses. No fue la credibilidad ni el ejército. Fue la empatía, el pellizco en el nervio emocional del país, la percepción de que eran el cucharón con el que la gente común podía remover lo que se cocinaba en las alturas. En español hay una palabra hermosa que desdichadamente no tiene equivalente positivo: dolorido. Es lo que queda después del dolor, su eco o recuerdo. La convulsión provocada por Podemos en su día sigue en el país, pero reducida a esa sensibilidad atenuada como un rumor que sería como su memoria o eco (no hay palabra del tipo dolorido para esto). Esa sensibilidad sigue ahí lista para dejarse irritar. Seguramente Podemos, entre fichaje y fichaje, tiene que volver a ser más irritante.

En los concursos de belleza que vi en alguna película americana, las candidatas, aparte de belleza, debían exhibir alguna destreza singular (baile, habilidades gimnásticas, canto, …). Parece que los candidatos políticos tienen que dejarse ver en programas televisivos informales para exhibir campechanía y cualidades de gente normal. Seguir la ruta electoral de los candidatos se está haciendo más complicado que encontrar un partido de fútbol concreto en la maraña de derechos comprados por operadores y canales. Hay más noticias en el programa de Wyoming que en el Telediario y es más fácil oír a los candidatos en el Hormiguero que en las instituciones. Habrá que tener paciencia hasta que alguna persona adulta se haga cargo del país.

lunes, 2 de noviembre de 2015

España peinada y recién aseada

Según se va acabando la semana, me va quedando la sensación difícil de explicar de que los alegres muchachos de Junts pel Sí y la CUP peinaron a España con la raya al medio. El país anduvo toda la semana desaliñado, como sin duchar y con los pelos revueltos.
La sarta de desvaríos había empezado en el fin de semana. Rajoy había convocado a la prensa para enseñarles la nueva oficina con la que el Gobierno azotará la corrupción. La criatura viene al mundo con un nombre muy ameno: Oficina de Recuperación y Gestión de Activos (ORGA). Se va a dedicar a recuperar para el Estado el dinero y bienes obtenidos delictivamente para que “ningún delincuente pueda disfrutar de lo que ha robado”. Tres años después de decirle a Bárcenas “Luis, sé fuerte” y de decirnos por pantalla de plasma como un dibujo animado que él no tenía nada que ver con aquellos papeles en los que estaba su nombre porque él era registrador de la propiedad, tras flotar toda la legislatura con las aguas ominosas de Gürtel, Púnica y tarjetas black al cuello, Rajoy muestra orgulloso a ORGA, la solución final para los botines mal habidos. La oficina estaba vacía de todo: pocos muebles, ningún papel ni equipamiento y más desierta que una Diputación en día laboral. Con la imagen de aquella desolación sí que tuvo que sentirse muy fuerte Luis. Aquella imagen valía más que mil sms. Es imposible imaginar cómo alguien pudo creer que escena tan indefensa transmitía determinación frente a la corrupción.
Después Blair pide perdón reconociendo lo que todos sabíamos: palabra arriba palabra abajo, que la guerra de Irak fue una cruel letanía de crímenes sin justificación que disparó la fortaleza del terrorismo yihadista. Nada que no supiéramos. Lo bonito fue escuchar, horas después de que Rajoy se solazara en su ORGA solitaria, a Aznar y a Esperanza Aguirre. El uno desafió de manera insuperable con sólo dos palabras a la ética y a la lógica: “salimos ganando”. La ética más común se conmueve ante tal resumen: miles de muertos porque sí, mutilados, huérfanos y semilla de violencia, pero … “salimos ganando”. Conmovedor. Y también la lógica sufre lo indecible con esas dos palabras: ¿se puede saber qué ganó España salvo pasar a ser objetivo terrorista? Sólo dos palabras para retorcer simultáneamente el corazón y el cerebro de cualquier persona sana. No cabe más economía. La otra, Esperanza, al unísono con el uno, nos endilga que España no estuvo en la guerra de Irak. Podríamos preguntarnos si los militares españoles que murieron en Irak se murieron del susto y si lo que les ocurría a los que tuvieron que batirse en asedios prolongados eran problemas estomacales. Pero hay preguntas más inquietantes. Cuando Zapatero retiró las tropas de Irak, ¿qué fue lo que retiró si no estábamos allí? ¿De qué protestaba Aznar y qué enfadó tanto a Bush?
Al mismo tiempo, el alcalde socialista de Sevilla, Juan Espadas, se deja ver en un acto religioso jurando su condición de Hermano Mayor en la cofradía de la Hermandad de Hiniesta (con hache). Así el laicismo socialista pregonado por Pedro el Hermoso queda en el mismo limbo intelectual que la idea de un estado “federal”. Masip pone su granito de arena en la actualidad declarando la guerra al Cola Cao. Resulta que Nutrexpa, la empresa propietaria, apoyó al independentismo catalán y entonces Masip se quita las telarañas de su infancia y nos invita a dar un ejemplo cívico. Llevaba varios días la prensa ibérica flotando en babas lisonjeras porque Amancio Ortega se había hecho el hombre más rico del mundo. Inditex, su empresa, había “optimizado los costes del grupo con una política de compras centrada en economías emergentes”; es decir, le fabrican sus tejidos por salarios de 40 dólares al mes y jornadas de doce horas en zonas de Bangladesh, India y China donde con ese salario no se come todos los días y sin él la gente se muere, según noticia de Martín Caparrós. Y aquí apenas paga un 5% de impuestos. Como Apple o Amazon, por ejemplo. Pero el caso de Nutrexpa es mucho peor: apoyaron a los independentistas. Que nadie reconsidere sus compras en Zara ni en las tiendas de la manzanita; el Cola Cao es lo que urge frenar.
Como la contribución de nuestra tierra a los desvaríos suele ser rica y variada, los periódicos nos informaron de que los nuevos regidores de Oviedo se encontraron el ayuntamiento lleno de fogones, neveras, cacerolas y otras lindezas, porque D. Gabino, más que campechano que un Borbón, se dedicaba a cocinar y montar ágapes con sus contertulios. La monda. Y Europa Press nos dice que la empresa Kantar Media calcula que “los Premios Princesa de Asturias generaron un impacto mediático de 16 millones de euros”. Así dicho parece que zanja toda la polémica sobre los premios, porque lo que se lee es “Premios Princesa … generan 16 millones …”. Casi apetece empezar a contratar profesores y médicos y empezar a dar salarios mínimos a parados de larga duración. Pero la broma es que eso es lo que habría que haber gastado en publicidad para tener la misma presencia que se consiguió con los premios. Por supuesto, no se especifica la presencia de qué o quién. Lo que más publicitan los premios son los reyes, la alfombra y el famoseo en torno a la corte borbónica. Muy poco de cultura y sólo algo de Asturias, que va proyectándose al ancho mundo como una región muy cuca. Me pregunto a cuánto ascendería el impacto mediático de Olvido Hormigos para los Yébenes de Toledo. Y el coste no pudo ser más moderado.
En estas estaba el país cuando XpSÍ y CUP se ponen a declarar la independencia de Cataluña. Hace tiempo que en la vida pública española se usan como si fueran performativos verbos que no lo son. Por ejemplo, todos parecen dar por sentado que cada vez que dicen que respetan las decisiones judiciales efectivamente las están respetando, como si decir “yo respeto” ejecutara la conducta de ser respetuoso. Y el señor Mas parece convencido de que declarando la independencia de Cataluña efectivamente Cataluña es independiente. Y Rajoy también parece convencido de que callando efectivamente no pasa nada. El caso es que la declaración de los coaligados en Cataluña fue estridente y tintinearon los cristales en toda España. Tanto que el país se sacudió todos los desbarros que la semana iba acumulando, se lavó la cara y parece que empieza a mirar en serio y bien peinada hacia Cataluña. Rajoy se puso en plan presidente, ya habló con Pedro Sánchez y citó a Rivera y Pablo Iglesias. Es como si quisiera juntar fuerzas y criterio para España. Toda una novedad.

Por supuesto, no pueden faltar notas chuscas en el arranque. Rajoy pretende que el tema catalán no se toque en las elecciones, como si la forma de tratar el tema catalán no fuera parte del balance de este gobierno para votarlo o no votarlo y como si no hubiera iniciativas diferentes que proponer a la gente. Creerá que no hablar de las cosas es tener altura de miras y responsabilidad de Estado. Y Ciudadanos pretende arrancar el compromiso de que nadie pacte en el futuro con partidos nacionalistas, como si eso fuera lo que desató el problema catalán. Mal método es marcar el territorio del sistema y dejar como antisistema a partidos y proyectos democráticos que no nos gusten. Por ese camino se pueden establecer compromisos para no pactar con grupos populistas, republicanos, “radicales” o lo que sea que estorbe. Como digo, la “reacción” de Rajoy arranca con algo de arenilla en los goznes, pero al menos alguien va a hablar con alguien para hacer algo. Y alguien se peinó se acordó de que es Presidente de un país y no el guardián de una camarilla.