lunes, 20 de mayo de 2013

Obispos, religión y enseñanza

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La Conferencia Episcopal acaba de aprobar un extenso documento, redactado ya en el mes de febrero, en el que se habla mucho de política educativa como suelen hablar los obispos de política: haciendo como que hablan de otra cosa y rodeando cada tema de interminables capas de palabras que parecen murmullos y dejan en bajorrelieve lo que realmente están diciendo (“la aportación de los centros de enseñanza al desarrollo personal de sus alumnos se ve muy limitada y condicionada por otras influencias”, ¿qué demonios es una aportación al desarrollo personal limitada y condicionada?).
Intentemos lo opuesto, sentencias breves sobre lo fundamental del documento y claridad antes que acierto (citius emergit veritas ex errore quam ex confusione, decía el aforismo 20 del Novum Organum de Bacon).
Principio previo y general que debe respirar en cualquier razonamiento sobre la enseñanza o la convivencia.
1a. La expresión “democracia laica” es una redundancia. 1b. El laicismo no es una ideología y no puede ser moderado o radical.
Una sociedad es laica si su leyes no están subordinadas a ningún texto, dogma o mandato religioso (aunque la motivación individual de algún legislador pueda ser religiosa). Un estado confesional no puede aprobar leyes que quiebren dogmas religiosos por lo que: a) los principios de convivencia no están en discusión ni se someten a debate; b) las autoridades religiosas tendrán una jerarquía más alta que las autoridades elegidas. La democracia confesional no es una democracia moderada, es una contradicción en los términos.
“Los profesores deben ser conscientes de que la enseñanza religiosa escolar ha de hacer presente en la escuela el saber científico, orgánico y estructurado de la fe, en igualdad académica con el resto de los demás saberes.”
Contradicción expresa:
2a. La carencia de fe es condición para el razonamiento científico. 2b. La carencia de razonamiento de cualquier clase es condición para la fe. Por tanto, 2c. No puede haber ciencia en lo que es cuestión de fe.
Dice Mª Moliner sobre la palabra fe: “Creencia en algo sin necesidad de que esté confirmado por la experiencia o por la razón propias”. “El saber científico de la fe” es una expresión sin sentido. No es que la fe sea mala. La apreciamos mucho en la vida corriente. Cualquiera desea que su pareja esté convencida de su lealtad, no por pruebas palpables ni por razonamientos demostrativos, sino por confianza, por cierto tipo de fe. Por eso, no es que la fe sea mala. Simplemente no conduce a ningún tipo de saber científico. Además, cuando hacemos ciencia, intencionalmente nos hacemos más descreídos de lo normal. Cuando le decimos al camarero que queremos dos cafés, uno de ellos sin azúcar, el camarero nos trae el otro con azúcar. Pero cuando hacemos ciencia, si sólo nos consta que uno de los cafés es sin azúcar, no asumimos nada que no nos conste sobre el otro y, si nos dicen “uno de ellos sin azúcar”, preguntaremos cómo quieren el otro. En ciencia eliminamos todo rastro de fe hasta roer el sentido común.
Contradicción esperable:
3. La religión no puede ser a la vez igual que las demás asignaturas y una excepción a las demás asignaturas, lo primero para darle rango académico y lo segundo para nombrar a los profesores por un procedimiento atípico.
No se dice nada en el documento de cómo deben nombrarse los profesores de religión, de donde cabe esperar que se mantiene lo habitual. Si esta asignatura es una fuente ordinaria de conocimiento y por eso debe contar su nota a todos los efectos, los profesores deberían ser elegidos por el tipo de concurso habitual. Pero en este caso la Conferencia Episcopal acostumbra a recordar que no es un asignatura como las demás; que se puede convivir y tener sexo regular sin estar casada para dar matemáticas, pero no para dar religión. En la ficción de 2001, Una Odisea en el espacio el supercomputador Hall entró en colapso por una conjunción de ideas incompatibles similar.
"Sin un conocimiento adecuado de la religión es misión imposible comprender nuestra civilización. Para conocer la filosofía, la literatura, el arte, las costumbres populares, las fiestas y los valores morales de la civilización que hemos heredado no hace falta creer en la religión católica, pero sí es preciso comprender la religión".
Cierto. Por eso recibimos conocimientos de religión, los necesarios, en: Literatura, Filosofía, Historia e Historia del Arte. Por eso pudimos estudiar sin problemas a Grecia y Roma, a Egipto, a Mesopotamia y a civilizaciones muy religiosas sobre cuya religión no teníamos una asignatura doctrinal: porque la religión, la necesaria, nos la daban los profesores de Literatura, Filosofía, Historia e Historia del Arte. Es decir:
4a. La religión que se requiere para entender la civilización no se sustancia en una asignatura doctrinal, sino que se modula y se trata científicamente en las asignaturas que explican esa civilización. 4b. La religión que se sustancia en una asignatura doctrinal no tiene que ver con la formación y conocimiento de la civilización de nadie.
“Además, en el marco del sistema educativo actual no se desarrolla, salvo honrosas excepciones, una formación en principios y valores éticos o morales fuera de la asignatura de religión. La enseñanza religiosa escolar es una apuesta por la integración de la cultura religiosa católica en el conjunto de las ciencias humanas, que no debe confundirse con la catequesis.”
5a. Todas las materias se asientan sobre conocimientos contrastables con los hechos y una racionalidad formal (sea ésta científica, filosófica o tecnológica); los convencimientos por fe son, por definición, no contrastables y dogmáticos, ajenos a cualquier razonamiento formal. 5b. Para los científicos creyentes, los convencimientos por la fe son externos a los conocimientos de la ciencia; no hacen ciencia con la fe, de la misma manera que no nadan con ecuaciones.
La ambición de estas líneas no es la introducción de la asignatura de Religión, que dan por supuesta y conseguida. Es entreverar los dogmas religiosos en las demás materias. El eufemismo “integración de la cultura religiosa católica en el conjunto de las ciencias humanas” no distrae la atención sobre su propósito. Toda intrusión de dogmas religiosos, así sea en Biología o en Filosofía, es adulteración y menoscabo del conocimiento y conduce a una formación no homologable. Por eso no lo hacen los científicos católicos.
Y los obispos lo saben. No es la ciencia y la formación lo que quieren. Quieren influencia, poder. Su creencia religiosa es dogmática. Como debe ser. Su discurso es engañoso e insincero, oculta sus propósitos a la (buena) fe de los creyentes.
Como no debería ser.

miércoles, 8 de mayo de 2013

El bisturí y el aborto. Notas sobre la demencia.



Uno diría que lo que se raja con el bisturí es el cuerpo del paciente (y no los ojos de cirujano) para separar la superficie y tener acceso al interior oculto. Lo extraño del momento actual es que las cosas son exactamente lo que parecen y, de puro evidentes, se hacen invisibles, quizá por increíbles. Ningún análisis tiene nada que mostrar que no esté a la vista, el bisturí no tiene nada que rasgar y hacer patente y tiene que dirigirse a nuestros ojos y provocar esas sacudidas que hacemos para mantenernos despiertos o para confirmar que realmente estamos viendo lo que vemos.
El Ministro del Interior (un tal Jorge Fernández Díaz o algo así) acaba de decir que el aborto tiene “algo que ver con ETA pero no demasiado”. El bisturí analítico quiere hacer su trabajo ordinario y nos hace preguntarnos qué significa en boca de un ministro del interior que algo que tiene que ver con un grupo terrorista pero no demasiado. ¿Oiremos a Obama inquietar y tranquilizar a la población con las cosas que tienen que ver con Al Qaeda pero no demasiado? ¿Nos dirá Ana Mato, mientras mira con amor de madre cómo visten a sus hijos, que algún metal pesado tiene algo que ver con el cáncer pero no demasiado? Eso que dice el Gobierno de Madrid de que los hospitales siguen siendo públicos aunque tengan “externalizada” la gestión, ¿tendrá algo que ver con una sanidad privatizada, pero no demasiado? Y luego está la madre del cordero, las inalcanzables asociaciones dadaístas del aborto. Mucho o poco, demasiado o no demasiado, creo haber descansado demasiado o no haber bebido suficiente para conjuntar en la misma frase “ETA” y “aborto”. Intento imaginar una mesa con el Gobierno y la cúpula de ETA para hablar de la entrega de armas y el tal Jorge Fernández poniendo encima de la mesa la primera exigencia del Gobierno: “estamos en contra del supuesto de malformación del feto; aquí somos inflexibles, lo toman o lo dejan”.
Y es que en el tema del aborto el bisturí no sabe adónde dirigirse. Beatriz Escudero, una de tantas joyas que adornan al PP, nos aclara que el aborto es cosa de las mujeres de menos formación, que abortan las repetidoras de la ESO, que lo sabe ella de buena tinta. Seguramente Celia Villalobos abandonó el hemiciclo para que entendiéramos que había relación entre el aborto y la formación, pero no demasiada, no vaya tergiversarse lo que dijo la Bea. Y no olvidemos cómo empezó este tema la legislatura. Gallardón, que de paloma blanca y esperanza de la derecha pasó casi sin darse cuenta a bobo y bufón del Reino, habló de prohibirlo como medida contra la violencia de género, para superar esa violencia social que asfixiaba el derecho a la maternidad de las mujeres. Ahora se manifiesta a favor de los derechos del no nacido. Y, según parece, sólo del no nacido: sus reformas apuntan a que todo el mundo tiene derecho a la protección hasta que nace.
Así que tenemos que la lucha antiterrorista mejorará con la revisión de la ley del aborto, aunque se necesitarán medidas adicionales porque el aborto no tiene demasiado que ver con el terrorismo. Además la restricción o prohibición del aborto mejorará el nivel formativo de las mujeres y dejará con cuatro palmos de narices a los maltratadores, que pierden así su principal medio de hostigamiento a sus parejas. Y con tal restricción o prohibición habremos conseguido proteger a todo el mundo hasta su nacimiento. A partir del nacimiento, lo que deparen los mercados. Y uno sigue con el bisturí en ristre intentando analizar lo que no admite análisis porque es tal cual. El bisturí tiene que dirigirse a los ojos, amagar un corte, para que sacudamos la cabeza y nos digamos que todo esto está pasando realmente, que el Presidente dice al pasar la barrera de los seis millones de parados que esto empieza a funcionar; que lo de “que se jodan” de la Andrea Fabra era todo un programa de Gobierno literalmente (¿será terrorismo imaginar esa frase en su lápida, a modo de epitafio, “Aquí yace Andrea Fabra. Que se joda.”?); que el Ministro de Economía dice ponerse en lo peor “para evitar sorpresas”, (¿será demagógico entender que quiere decir que sería una sorpresa que no ocurriera lo peor?); que, ante la evidencia de favores multimillonarios a empresas en pago a sus pagos ilegales y de sobres que se quedan en los bolsillos como la carne entre las uñas, el Presidente y el Gobierno prefieren no hacer política y no retomar las medidas fracasadas de Zapatero.
No hay análisis que ofrecer, sólo hay que frotarse los ojos y creerse toda esta demencia. Mañana habrá huelga y manifestaciones por la enseñanza y la instrucción de todos. La tele y la imprenta ya huelen a Wert. Intento imaginar qué pintará el aborto en lo de mañana.

jueves, 25 de abril de 2013

Inquietud en el diccionario



Muchos profesionales se cobijan en un almacén. Le preguntan a un relojero si su trabajo requiere destreza y precisión manual. El relojero dijo la verdad. Se le llevó a un quirófano donde yacía anestesiado un enfermo de corazón. Se le dio bisturí y se le obligó a intervenir. Ocurrió lo que tenía que ocurrir y el relojero retornó cabizbajo al almacén. Se decía que había matado a un hombre. A un profesor se le preguntó si su trabajo se hacía hablando y exponiéndose a un auditorio. También asintió. Volvió abochornado al almacén. Se había visto de pronto en una obra de teatro, con una sala completa de público, y un papel principal que interpretar. Por razones parecidas un camarero tuvo hacer los planos de un rascacielos y un fontanero dirigió unas maniobras de la Armada.
Es el problema de las medias verdades. No son realmente verdades y tienen de problema lo que tienen de engaño. Pero tienen siempre algo de provisional, como si fueran un trozo de verdad en trance de completarse en una verdad propiamente dicha y por eso las aceptamos como válidas en espera de que se completen. Luego nos olvidamos y la falsedad se acomoda y hace su trabajo. Que un relojero tiene un trabajo manual de precisión o que un profesor habla ante una audiencia es verdad, pero no toda la verdad; ni uno puede operar ni otro ser actor.
Todo esto es una manera de hablar porque no ocurrió. Lo que sí está ocurriendo es que en el diccionario hay malestar. Las palabras esperan apretujadas listas para ser habladas y decir lo que llevan consigo. Y últimamente algunas vuelven cabizbajas al diccionario. Cuando las dicen y salen esperando referirse a alguna de las cosas que ellas saben significar, de pronto se encuentran ante cosas y hechos extraños a los tienen que violentar porque las palabras no saben no decir y no pueden dejar de significar. Luego la gente dice cosas de ellas, las llama eufemismos, manipulación y hasta algunos dicen que matan, que hay palabras que matan. Algunas vuelven a su fila del diccionario deformadas ellas mismas por su esfuerzo de acomodarse a la idea de quien las pronunció, como un martillo ya muy trabajado que hubiera cogido holgura.
La palabra reforma es una de las que más se quejan, aprovechando esos ratos que tienen libres las palabras cuando la gente se calla. Reforma dice que lleva consigo la idea de acción y de cambio sobre algo que ya presenta deterioro y dice que eso a la gente le gusta. Además tiene acompañantes que le dan carisma. Según qué parte de su concepto tomemos, tiene como antónimo inmovilismo, y eso la hace parecer mejor porque a la gente no le gusta el inmovilismo. que deja que las cosas se deslustren y se vengan a menos. Como dio permiso a los sufijos para formar un adjetivo, desarrolló el pariente reformista, que también gusta a la gente porque las personas reformistas son activas y dinámicas. Así que últimamente la pronuncian para todo lo que se haga. Obligan a reforma a salir del diccionario y se topa con gente a la que quitan el trabajo, la casa, el médico o la pensión. Reforma sólo sabe posarse sobre las cosas diciendo que son cambios dinámicos para mejorar algo, con lo que no puede evitar retorcer el dolor de la gente. Luego vuelve a la r del diccionario estresada y avergonzada de las cosas que se dicen de ella.

Profundizar se suma a la conversación, porque, como en parte dice algo de intensificar o llevar más allá algo, la usan para radicalismos y extremismos. “Que un relojero sea diestro en manipulaciones de precisión y tenga en común eso con un cirujano no los hace semejantes e intercambiables” —dice— “porque su pericia en la exactitud de movimientos es sólo parte de lo que es un relojero. Me usan” —sigue profundizar— “como si lo que tengo en común con radicalizar fuera todo lo que significo. Así las palabras acabaremos siendo el velo que cubre la realidad en vez de lo que la muestra y hace patente”. Parecida inquietud manifestaron, subsidio, equilibrio, flexibilidad, aflorar, viable, movilidad, incentivar y muchas otras.
Pero a la que se veía de verdad preocupada era a bienestar. Había hecho una agrupación con estado y las dos estuvieron de acuerdo en dejar de significar por sí solas y que estado de bienestar significara como si fuera una sola palabra. Decía que esa expresión, estado de bienestar, no era como las demás. “A vosotras —continuaba— os hicieron eufemismos y manipulación. Pero nosotras somos, digamos, más pura sangre: estado del bienestar nacimos ya eufemismo.” Las otras palabras se descolocaron un poco de sus filas tratando de ver cómo es eso de nacer ya eufemismo sin que nadie la fuerce o la dé de sí. “Una especie —decía— con una mayoría de individuos egoístas es inviable, porque se autodestruiría. Una especie con mayoría de altruistas y amables tampoco, porque en ella medraría la minoría egoísta y acabaría siendo una especie del primer tipo. Tiene que darse cierta dosis de lo uno y lo otro para que haya estabilidad y no debacle. Si el reparto social es muy desigual, la situación es inestable y la minoría favorecida puede no vivir bien si vive en guerra. Los que tienen más no pueden tenerlo todo; los que tienen menos tienen que tener suficiente para que haya paz, sin la que nadie vive realmente bien. O al menos tener eso en el pensamiento: una sociedad que busca que el aire sea respirable hasta para el que menos tiene. No es bienestar el concepto del que somos portadores. Es PAZ. Como nacimos eufemismo, nadie se da cuenta y en vez de usarnos para engañar a otros se engañan quienes nos pronuncian. No es el estado del bienestar lo que se destruye. Es la PAZ. El estado de bienestar no es justo, es estable, es el equilibrio pacífico. Dicen que hay que rebajar el estado de bienestar sin darse cuenta de que realmente se refieren a que hay acercarse un poquito más a la guerra. Y nos pasamos el día encubriendo una declaración de guerra. Y no nos gusta hablar mucho de esto. Por un lado, la guerra está mal, pero, siendo eufemismo en origen … ¿y si nos hacemos impronunciables?”
Mañana es viernes y el Gobierno hará públicas nuevas medidas. Cada vez que cojo el diccionario noto calambres. A saber la agitación que habrá ahí dentro.

lunes, 15 de abril de 2013

Escrache. Como siempre.


ESCRACHE 1: Durante décadas era imposible ver en ningún folleto divulgativo de Suráfrica a ninguna persona de raza negra. Uno diría que no las había allí. En la descripción de las escenas de desahucios, de policías sacando por la fuerza a la gente de su casa, no aparecen nunca niños ni hijos de nadie. Uno diría que sólo los hay en las escenas de escrache.
ESCRACHE 2: Las sociedades civilizadas son sociedades reales y en las sociedades reales se dan el crimen y el robo. Lo que es propio de la barbarie es que los criminales y los ladrones tengan sus días y sus noches plácidos, que el crimen y el robo puedan ser una vida estable. En las sociedades civilizadas criminales y ladrones deben vivir estresados. Sí, Cospedal, como tú dijiste: tiene que parecerles que la sociedad es nazi y totalitaria. Como a ti.
ESCRACHE 3: En 1842 F. Engels llegó a Manchester: “La ciudad está construida de modo que puede vivirse en ella durante años y años y pasearse diariamente de un extremo al otro sin encontrarse con un barrio obrero o tener contacto con obreros […]. No he visto nunca, como en Manchester, una exclusión tan sistemática de todo aquello que pueda ofender la vista y el ánimo de las clases acomodadas”. Siglo y medio más tarde sigue habiendo gente que sufre. Pero a 300 metros, dice el Gobierno. Que sigan sin ofender la vista y el ánimo de las clases acomodadas, como siempre ha sido.

lunes, 8 de abril de 2013

En el laberinto de rayas buscando un sombrero


NACHÍN
Nachín era más fuerte que los demás. A mis ojos estaba gordo, pero no era una gordura torpe, era una gordura de fuerza. Solía estar solo. Las madres de los demás niños no les dejaban jugar ni estar con él. Era violento y pegaba. Le tenían miedo. Yo también. En casa me decían que no me metiera en líos. Solía apartarme de él. Nachín sólo estaba con los demás cuando los demás eran muchos y su presencia se diluía. Pero nadie se permitía apartes con él. Cuando me decía algo por la calle, lo que fuera, yo aceleraba el paso y lo rodeaba con miedo. Si alguna vez no lo podía esquivar y mi nerviosismo provocaba que él hiciera un mínimo gesto de intimidación, me entraba pánico. Recuerdo haberle golpeado alguna vez con un palo muy fuerte en la cabeza, repetidas veces, como si mi vida dependiera de esos golpes. Supongo que me pillaba en lo que los etólogos llaman “distancia crítica”, esa distancia a la que los animales se sienten sin salida y atacan aquello que les aterra. En tal trance, él no se alteraba, no lloraba, ni siquiera ponía gesto de dolor, sino de enfado. Con el tiempo supe que también de sorpresa. Aunque no me tocara —no recuerdo que me pegase nunca— el miedo y la urgencia que había sentido y que contaba a mis amigos incrementaban el temor hacia él y ese contorno de sobresalto que lo acompañaba. Con el tiempo supe que también de soledad. Tenía tics faciales y costumbres solitarias, como tallar palos. Escupía cada poco cuando caminaba, siempre solo. No jugaba bien al fútbol ni estudiaba nada. Era el Otro, el Cuyo, el recuerdo de que era verdad que había Dos Lados, de que donde nosotros estábamos era sólo un lado y que había Otro.
Un día murió su padre. El barrio presenció el suceso con la gravedad habitual. La madre tenía un gesto duro, como de agravio reseco. Se decían cosas de ella. Nachín empezó a cambiar. O eso se dijo. Siguió sin ser bueno en deportes y nunca estudió nada. Siempre fue muy bruto. Pero se le puso gesto de inocencia tristona. Parecía manso. La gente empezó a decir que había cambiado y las madres empezaron a dejar a sus hijos estar con él. Se decía que debía ser el padre, que bebía, y que sin él, después de todo, Nachín era más normal. En mi casa también. Dejé de esquivarlo y la gente aceptó su presencia, que de todas formas era escasa. Siempre fue serio, nunca estaba en el núcleo de lo que pasaba. Al llegar a la adolescencia fue diluyéndose, pasó a ser un infeliz anónimo que ni molestaba ni se le tenía en cuenta. No sé en qué momento desapareció de mi espacio. En mi memoria simplemente se apagó como la última chispa de esas brasas mínimas que se extinguen en la oscuridad. Es posible que no cambiara nunca, que fuera nuestra mirada la que cambió al morir su padre. En realidad siempre fue serio y ensimismado. La verdad es que nunca me pegó. Fui yo el que le pegué por pánico. Y cuando lo hice su cara fue de estupor y sorpresa, de enfado atónito por el golpe gratuito.
EL SUSURRO DEL FONDO
Jimmy y Henry hablan enfrente uno del otro en la mesa de una cafetería, al lado de la ventana. La toma los coge de perfil, la ventana entre los dos como fondo. Jimmy le habla de un trabajo en el que Henry podría ayudar. Henry no pone problemas. Scorsese hace algo especial con la cámara. Henry y Jimmy eran viejos amigos gánsteres y habían corrido mucho juntos. Pero las cosas estaban confusas, el pequeño mundo narrado en Uno de los nuestros se estaba subvirtiendo. Henry comprendía que aquel trabajo sería el último, que Jimmy lo había diseñado para matarlo, pero no lo acusa en su expresión, ni había sucedido nada en la película que lo hiciera ver. Scorsese hace algo con la cámara difícil de ver, aunque imposible de no percibir. Si pones la cámara sobre un raíl y giras el zum para acercar la imagen, pero a la vez alejas la cámara con la velocidad justa, el tamaño de la imagen no cambia: el acercamiento del zum se compensa con el alejamiento de la cámara. Pero cuanto más largo esté el zum, menor es la profundidad de campo, es decir, más borroso se verá el fondo; cuando el zum sea corto, en cambio, el fondo se verá enfocado igual que el primer plano. Mientras Henry y Jimmy hablan, la toma parece no moverse, se les ve siempre en el mismo plano y con el mismo tamaño. Pero la imagen de detrás de la ventana oscila entre en enfoque y el desenfoque, no es fácil darse cuenta. Vemos a Henry y Jimmy hablando con normalidad. Pero el espectador nota algo que no puede precisar, algo sordo que cambia en el fondo, el contorno de las cosas que se hace confuso. Henry sabe que su amigo lo quiere matar, que todo está cambiando y que nada será igual.
EN LA MONTAÑA MÁGICA
El viajero atento saca del desplazamiento en el espacio el provecho que solemos sacar del paso de los años. La gente que viaja y ve cosas tiene tanta oportunidad de vivir y saber más como la tiene por años el maduro respecto al adolescente. Así nos lo decía Thomas Mann:
“El espacio que, girando y huyendo, se interpone entre él y su punto de procedencia, desarrolla fuerzas que se cree reservadas al tiempo. Hora tras hora, el espacio determina transformaciones interiores muy semejantes a las que provoca el tiempo, pero de manera alguna las supera.
Igual que éste, crea el olvido; pero lo hace desprendiendo a la persona humana de sus contingencias para transportarla a un estado de libertad inicial; incluso del pedante y el burgués hace, de un solo golpe, una especie de vagabundo. El tiempo, según se dice, es el Leteo. Pero el aire de las lejanías es un brebaje semejante, y si su efecto es menos radical, es en cambio mucho más rápido”.
Todos habremos hecho uno de esos pasatiempos en el que nos proponen un lío de rayas entre las que debemos encontrar un sombrero. El sombrero está a la vista, pero con tanta raya es difícil de ver. Como las sopas de letras, donde las palabras están ante nuestros ojos pero con tal cantidad de letras espurias alrededor que nuestros ojos pierden su eficacia. El olvido puede no ser pérdida. A veces tienen que borrarse los detalles espurios y las contingencias para que la verdadera forma de las cosas nos sea accesible. El alejamiento y el olvido a veces es claridad y disipación de sombras. En los viajes solemos sentir esa claridad o “libertad inicial” que sólo debería darnos el saber de los años. Y también la lectura. Además de poder “refugiar nuestros sueños para que no se mueran de frío”, como decía el entrañable D. Gregorio de La lengua de las mariposas, la lectura nos aleja de la realidad como alejamos la sartén del fuego al cocinar; sólo la alejamos para acercarla a continuación con movimientos enérgicos que agiten y aviven lo que se cuece. Los libros y los viajes nos alejan de la realidad para retornarnos a ella agitada y avivada, sacudida de detalles espurios y crepitante.
BLADE RUNNER
El mundo de Rick Deckard se parece al nuestro como se parece a un periódico seco un periódico que sacásemos de una palangana de agua, con el papel inconsistente, las letras desleídas y páginas que ya no se pueden pasar. En la película hay policías, como en nuestros días, y con ellos un recuerdo de la ley, pero sólo un recuerdo, un eco lejano. Más que leyes parece haber órdenes, tareas sobre la marcha sin un principio rector. Hay comercio, ocupaciones, ciencia; pero todo tiene un aire de supervivencia y urgencia. Se reconoce la estructura de una ciudad, pero apenas es reconocible una convivencia, todo ocurre dentro y fuera en una jungla de mestizaje caótico e informe. Cualquier derecho o deber está rebosado por una superpoblación invertebrada de individuos ensimismados de necesidades al día. No es posible imaginar cómo será una escuela (creo que no aparece ningún niño) y qué se puede enseñar para una sociedad que es más una colección de piezas a granel que un puzle con figura. El mundo es como sería el nuestro si saliera de una palangana de agua, sin aristas ni forma, desleído, sin normas y con sólo recuerdos de lo que hoy llamamos civilización.
HOY
Un día Zapatero se dirigió a la nación y dijo que el déficit era inmanejable y anunció que bajaría el sueldo a los funcionarios y congelaría las pensiones. Quizá en aquel momento podíamos decir que el anuncio fue duro e injusto, por implicar de alguna manera que funcionarios y pensionistas eran el núcleo del supuesto grave problema. Pero había algo más en aquel anuncio, algo esencial se dibujaba y se desdibujaba en el fondo. Zapatero tenía el gesto derrotado de las grandes capitulaciones. Había recibido una llamada de Obama, se habían dado señales entre alarmadas y amenazantes desde Europa. Parecía que le hubieran llevado a empujones ante la cámara en SU país y le hubieran dado el papel que debía leer. En alguna mesa exterior y lejana se había dado un puñetazo y Zapatero decía con la mirada que aquel no era un acto soberano y que ya no valdrían principios ni convicciones. El fondo de aquella bajada de sueldos y pensiones se enfocaba y desenfocaba como anunciando que nada volvería a ser igual.
El ruido de mentiras, corrupciones, saqueos, insultos y disparates, a cuyo desparrame apetece sumarse todos los días, contiene demasiadas letras y rayas como para que se vea el dibujo real del presente y trazo general de la historia de este momento. Conviene más que nunca viajar, desplazarse, mirar, leer, olvidar lo contingente, ver. Cuanto más arrebato nos traiga el momento, más confuso se hace ver lo que realmente pasa, el lugar por donde pasan las cosas.
En unos meses nuestra sociedad empezó a parecerse a la que era antes del anuncio de Zapatero, pero como el periódico mojado se parece al seco. Se reconocen las trazas generales, pero se perdió el “espesor del presente”, la continuidad de las cosas básicas. Las escuelas abren, los coches circulan, hay anuncios en la tele y votamos en las elecciones. Y hay un Gobierno nacional al que elegimos, como recuerdo de cómo son las sociedades soberanas y democráticas. Pero sólo como recuerdo. No vivimos ya en un país soberano, sino en una provincia cuyos regidores tienen que rendir cuentas a quienes mandan desde lejos. Y vivimos ya en una dictadura. Mantenemos los ceremoniales democráticos, pero ya no elegimos a quienes nos gobiernan. Si se entiende mejor, podemos decirlo a la inversa: aquellos a quienes podemos elegir no son quienes nos gobiernan. No importa la desvergüenza y bajeza ética del Gobierno de Rajoy, difícilmente superable. En un sistema democrático podríamos modificar la situación. En esta sociedad mojada y quebradiza, con leyes y convivencia desleída, no podemos ya incidir en lo importante de forma pacífica y, por tanto, ordenada. Y todo lo que venga desde la pulsión colectiva será desordenado y no se mantendrá en ningún punto eficiente.
La pérdida de la soberanía y de la democracia es lo que hace posible todo lo demás que está pasando y pueda pasar. Sin límite. Y, como el nacimiento del Anticristo, el caos no llega sin señales previas, algunas tan dramáticas como el Presidente callando o hablando a través de un monitor de televisión. Una vez nos preguntaron a los contertulios de una clase de conversación de inglés qué querríamos ser si viviéramos una situación apocalíptica postnuclear. Algunos decían que médicos, otros que cazadores, todo lo asociado a la supervivencia. Yo dije que algo parecido a lo que soy (si puede ser, mejor). Cuando tuviéramos víveres, nuestro problema sería mantenerlos a salvo de los demás. Y para tener víveres y protección necesitaríamos a los demás. El trato con los demás y el manejo de la convivencia sería la primera cualidad para sobrevivir. Y hay señales de descomposición en nuestra vida pública que apuntan a nuestra convivencia. Estamos rebasando el punto normal del sectarismo y se acelera la tendencia a ver en quien no concuerda al Otro, sobre todo en quienes tienen poder y se sienten con capacidad de señalar el Otro Lado. Puede parecer infantil e irritante relacionar el escrache de los desahuciados que perdieron su espacio en este mundo con ETA. Pero sólo revela la nostalgia por una referencia ordinaria del Otro Lado (el comunismo y el terrorismo son las preferidas). No creo que sea una estrategia. Es una descomposición objetiva. La Gobernadora de Madrid y algunos lenguaraces son sólo caricaturas mostrencas de algo más profundo. El Gobierno y la prensa que lo acompaña están desbordados y sienten por la población que se indigna el mismo tipo de urgencia que siente un niño aterrorizado por otro y reacciona igual: con los golpes y hostilidad de un animal asustado en distancia crítica que no puede huir y sólo puede atacar.
La imposibilidad de hablar, discutir, rozarse, presionarse y enfrentarse, por qué no, sin que el interlocutor sea el Otro es la señal más visible del camino al caos hacia el que va una sociedad dictatorial. La leche se está hinchando en el hervidor. O alguien corre a apagar el fuego o rebosará. Algunos no desesperados nos preguntamos si eso sería tan malo.

martes, 12 de marzo de 2013

Zombis en feria (Rubalcaba, Rajoy y la mujer que nunca le dijo que no)



Dicen que las uñas siguen creciendo después de muertos. Sin enterarse de que están muertas, siguen creciendo amarillas y frías, como siguen los caballos del Grand National cuando ya perdieron el jinete, sin propósito ni rumbo; como Rajoy y Cospedal en el desayuno informativo de Nueva Economía Fórum. Hablan y hacen ademanes de apoyo, de gobierno y de futuro sin enterarse de que ya están políticamente muertos. De Cospedal es imposible hallar en toda su trayectoria rastro alguno de inteligencia. Eso no ayuda, desde luego, pero tampoco liquida a un político porque sí. Pensemos un momento en Usain Bolt, Stephen Kiprotich y Ashton Eaton. Bolt es capaz de correr diez metros en menos de un segundo. Kiprotich corre cuarenta y dos kilómetros seguidos haciendo menos de tres minutos por kilómetro. Eaton es capaz de hacer marcas casi de alta competición en diez deportes distintos. Uno es velocista, otro corredor de maratón y el otro de decatlón. Portentos los tres. Pero al que conocemos todos es a Bolt. Seguro que los otros dos nombres no nos suenan. Y el millonario de los tres es Bolt. La razón es que sólo él nos ofrece un momento asombroso. A los otros no les vemos hacer nada sobrehumano, tenemos que pensar para darnos cuenta de que es correr así durante cuarenta y dos kilómetros es un prodigio, pero cuando Bolt nos pasa por delante de los ojos, sin pensar, vemos a un humano a una velocidad impropia de la especie. Quizás la sensación de ser afortunado en amores sea igual y dependa de cómo de elevado sea el momento más arrebatador y no de cómo de cálidos se sucedan los días. Pero a lo que íbamos. No nos vamos a asombrar ahora de las limitaciones de Cospedal, tan frecuentes en nuestra gestión pública. El problema de Cospedal es que tuvo ya su momento de estupidez condensada y quintaesenciada. El día de “la indemnización en diferido en forma efectivamente de simulación” se convirtió en la Usain Bolt de los estúpidos, nos expuso la idiotez directamente a nuestros sentidos, captamos la idiocia entera sin pensar. Y eso convierte cualquier intervención suya posterior en un estímulo para recordar aquel momento delirante que sintetiza una trayectoria descerebrada (¿la oyó alguien balbucear sobre mujeres y hombres el día de la mujer trabajadora? Por los clavos de Cristo …).

Rajoy le prestó todo su apoyo político en una intervención extraviada llena de frases excesivas y maneras sobreactuadas, como si él pudiera ser aval de nada, siendo el Groucho de la política Europea y aquí en casa poco más que un muñeco roto. Sus mentiras no son como las normales en políticos tramposos (valga la redundancia). Las mentiras normales en política se mueven en ciclos algo más largos, se van notando con el tiempo la trampa. Las de Rajoy son diarias y también su refutación. Instalado en el discurso de que hacer lo contrario de lo que se dijo es un esfuerzo que se hace por responsabilidad cree tener dispensa para decir lo que le dé la gana, porque siempre será un acto responsable hacer lo contrario. Así sus declaraciones se toman ya como nos tomábamos en el Norte las previsiones del hombre del tiempo. Tantas veces fallaba que una vez Romeu sacó a su Miguelito preguntándose si no sería que en el hombre del tiempo ponían reposiciones. La intervenciones de Rajoy parecen tomadas de programas de archivo que van reponiendo al azar según los aires de la actualidad pero sin conexión directa con ella.
El tema de los muertos vivientes inspiró muchas películas de miedo, acción y comedia. Y estos muertos nuestros, que siguen gobernando amarillos y fríos como crecen las uñas de los muertos, se parecen un poco a todas ellas. Algunos muertos salen en el cine como zombis desnortados ávidos de carne y ahí tenemos a Montoro atropellando palabros sin sentido y mordiendo insultos y amenazas extraviado por lo real que se empeña en ser la realidad. Otros muertos aparecen en las películas temerosos y perdidos en su niebla y ahí tenemos a Guindos perplejo e intentando cada día encontrarse el culo con las dos manos sin conseguirlo.
Pero justo es decir que eso de que las uñas le siguen creciendo a los muertos es falso. Un cuerpo muerto no tiene con qué producir la queratina que se va creando en la raíz de las uñas. Lo que ocurre es que el cadáver va secándose, perdiendo líquidos y masa muscular y, al retraerse toda su sustancia, parece que las uñas crecieron porque se retiró lo que las rodeaba. Así se hizo “líder” Rubalcaba. El episodio siniestro de Ponferrada es otro momento de esos concentrados a lo Usain Bolt. Nos recuerda que Rubalcaba no creció desde cuando era un fontanero político apañado en los ochenta. Es el PSOE el que fue perdiendo jugos y sustancia, el que fue secándose y, a base de retraerse y encogerse, hizo que sobresaliera, como las uñas frías y amarillas de los muertos, Rubalcaba. No hay que engañarse. La primera plana política española es un sepulcro y su actuación son psicofonías espectrales de democracias el más allá.

viernes, 1 de marzo de 2013

¿PAÍS DE PÍCAROS?


Las trapisondas que se traen el PP y Bárcenas (militante diferido o aplazado) son como aquellas películas porno de Canal+ cuando se veían en las teles sin descodificador. Entre rayas, sombras y distorsiones se intuían cuerpos, bocas y movimientos que, por muy codificados que estuvieran, no ofrecían duda de cuál era su tejemaneje. Y este circo que se traen de desmentidos de cosas dichas a medias que luego resultan falsos y se retuercen para aparentar haber sido dichos con el sentido contrario apenas lograr codificar la orgía de maletines, sobres, cuentas opacas, trajes nuevos y restaurantes caros. Pero este episodio no es más que un manchurrón en un lienzo con muchas salpicaduras: líderes de la CEOE que roban a gran escala, saqueos bancarios mayores y menores, alcades de aquí y de allí sobornados, cieeeentos de políticos imputados que noooo dimiten, diputados que sisan dietas y sustraen iPads para sus sobrinos, la Casa Real desmandada … Y llegamos a ese punto en que la gente empieza a hablar con la primera del plural. Todo parece salpicado y la gente rápidamente empieza a ver, no el comportamiento de determinados individuos o malas prácticas generalizadas de los políticos, sino “lo que somos”, que no “tenemos” remedio, que es una cuestión cultural, la picaresca hispana que no cesa y los políticos sólo su expresión más visible y representativa.
Aitana Castaño emplea su prosa ágil y su celebrado buen juicio (http://fundicionprincipedeastucias.com/mitos/#more-5649) para recordarnos lo extendidos que están los mitos, esas mentiras que se extienden sin control y que resisten toda evidencia por la tenacidad con que nos gusta repetirlas. Pinker las llama casos de “estupidez convencional”, definida como “una afirmación que se opone al más elemental sentido común y que, no obstante, todo el mundo se cree porque recuerda vagamente haberla oído mencionar” (deben ser como aquellas “estructuras disipativas” de I. Prigogine). Lo cierto es que en esas fuentes míticas y convencionalmente estúpidas beben estos convencimientos firmes de que somos inherentemente pícaros y pendencieros y que los Bárcenas y Fabras siempre estuvieron aquí, que el aire los remueve y hace remolinos con ellos, los esparce, pero que de esta piel de toro no se van ni se irán y que vaya por dios somos incorregibles.

Hace unos años El País dio noticia de un amplio estudio publicado en Science sobre los estereotipos nacionales, la manifestación más estúpida de la mítica estupidez convencional. Los españoles, además de pícaros e indisciplinados, nos consideramos extravertidos y abiertos al ancho mundo, mientras los japoneses son los que más retraídos se sienten. Hecha la investigación, resulta que somos igual de tímidos o de descarados que nuestros semejantes del extremo Oriente. Y resulta también que somos tan cumplidores como los alemanes o los alemanes tan badanas como nosotros. Estamos en la lista negra de la piratería, aquí nadie compra un disco. Pero el día D del negocio discográfico, el día en que nada volvió a ser igual, fue el día que nació Napster, que era una empresa de California, no de Albacete. En la película de La red social el personaje de Sean Parker, creador de Napster, se vanagloria de que nadie abriría hoy una tienda de discos, se entiende que en EEUU, de donde deduzco que tampoco el amigo americano compra discos y prefiere descargarlos. Y, claro, nuestras bankias están en el ADN hispano, pero habrá que recordar que todo viene de las subprimes americanas. Tras muchas legislaturas intentándolo, los grandes de EEUU por fin consiguieron poner de Presidente al tonto del pueblo, que desreguló todo lo reglado y, sin reglas, se dieron un buen baño de idiosincrasia del sur: ni Velázquez pintó tanto rufián, pillo y pícaro como actuó a sus anchas en el imperio durante los locos años en que estuvo de Presidente alguien a quien habia que sonarle la nariz y limpiarle las babas mientras veía el béisbol.
Recuerdo cuando se fumaba en las bibliotecas y en las aulas. Aquí era imposible disciplinar a la gente y poner normas. Hasta que se pusieron. Tardamos muy poco en sentir ya como una rareza la idea de que alguien fume en un restaurante. También viví la época en que era imposible mentalizar a la gente para que tirara los papeles en la papelera, dejara de escupir en el suelo o cediera el paso a los peatones en los pasos de cebra. Todo lo llevábamos en la sangre y todo duró lo que se tardó en poner una norma y hacerla cumplir.
La cuestión es que nos disciplinamos con las normas tanto como se desmandan los americanos sin ellas. Y esto nos lleva a eliminar la primera persona del plural de cualquier análisis que se quiera hacer de los días que nos están siendo dados. Es todo cuestión de normas. Las normas son moldes que conforman las situaciones y las conductas y son tiempos para recordar que incluyen sanciones. Hay sanciones porque toda norma supone actuar sobre o contra la conducta espontánea de la gente. Para qué se iba a hacer obligatorio lo que la gente ya hace por sí misma. Y toda norma supone manejar con cuidado el dial en el que se columpian la persuasión, la motivación y el castigo. Están previstas sanciones para quien tire porquería al suelo o deje a su perro hacer cacas en la acera, pero hay que manejarlas con cuidado porque la reiteración y cualquier simbolismo que recuerde que hay una norma va modulando la comprensión y la conducta y la aplicación simplona de castigos aleja precisamente la complicidad con la norma. Otras veces no tenemos tanto tiempo. Cuando estábamos ante un puente de fin de semana y sabíamos que iban a morir cerca de doscientas personas, no había tiempo para convencer y educar. Se busque la expresión que se quiera, había que amenazar para que la gente se disciplinara al volante y cien de esos doscientos no murieran. Y claro que se disciplinó.

¿Y cuál es el caso en un país arruinado por una deuda impagable de cientos, muchos cientos, de miles de millones de euros que se acumuló a base de cacicadas, saqueos, corruptelas, incompetencia y malas prácticas de gestión? Artur Mas, el príncipe del Derecho a Decidir, impulsa la derogación de un pacto anticorrupción de 2001, al que calificó de “muy potente”, por otro que ya dio sus primeros pasos y que presentó como “tremendamente útil”: de medidas potentes pasamos a medidas tremendamente útiles, un tremendo y potente avance. Y el Gobierno y el PSOE quieren hacer no sé qué ley de transparencia, cuando los partidos están actuando invariablemente como sindicatos de todos sus acusados (¿no oímos todavía al ex Presidente de Asturias proteger la honorable trayectoria de su ex Consejero pillado en mil latrocinios en beneficio de su hijo?). Este vodevil de Mª Dolores de Cospedal balbuceando frases entrecortadas, de Rajoy y Soraya evitando pronunciar el nombre de Bárcenas (¿es una táctica? ¿les dicen los suyos que es una hábil finta parlamentaria?), esta catarata de mentiras tan indefensas que convierten en sainete cada declaración gubernamental, toda esta actuación coral ante un país esquilmado que seguirá sufriendo nos está gritando obviedades desnudas, sin adornos ni matices. Que Mª Dolores de Cospedal no somos todos. Que no llevamos a Ana Mato ni a Bárcenas en nuestra idiosincrasia. Que no hay un Undargarín en cada familia. Que no es culpa de todos. Y que no es tiempo de leyes de transparencia. Es tiempo de sanción: son cientos de miles de millones de euros, hay culpables de algo gordo, nada va a cambiar porque se pacten leyes, tiene que ir gente importante a la cárcel (así desaparecieron escuadrones armados por los gobiernos, con ministros y secretarios de Estado en la cárcel por los GAL). Sin cabezas no hay cambio creíble. Con las debidas sanciones los indisciplinados y pícaros gestores del sur cambiarán sus hábitos igual que dejaron de fumar en los bares y dejaron de escupir en las aceras. Claro que siempre está esa posibilidad que a veces se susurra: que no hay culpables, que todo es legal, que es todo muy complejo. Si todo es legal de tan complejo que es, siendo tozuda la evidencia del saqueo y el sufrimiento colectivo, la conclusión lógica es sencillamente que no hay ley. Y las situaciones sin ley sólo cambian con revueltas populares y protestas masivas. Revueltas, desorden, bronca. Mira tú por dónde, muchos dicen que lo llevamos en la sangre, que está en nuestro carácter …